Alquilar un barco sin licencia en Países Bajos con niños: nuestra experiencia navegando en una casa flotante por Frisia

Nunca imaginamos que alquilar un barco sin licencia para recorrer los canales de Frisia, en Países Bajos, acabaría convirtiéndose en uno de los viajes más especiales que hemos hecho en familia. De hecho, después de repetir esta experiencia varias veces, seguimos sin entender por qué en España tan poca gente conoce una forma de viajar tan sencilla, original y espectacular.

Para quien nunca haya oído hablar de ello, un barco sin licencia es una embarcación que puede conducirse sin necesidad de ningún título náutico ni experiencia previa. Están diseñados específicamente para principiantes y forman parte de un tipo de turismo muy popular en países como Países Bajos, Francia, Bélgica, Alemania o Reino Unido. En la práctica, terminas viajando a bordo de una auténtica casa flotante equipada con cocina, baño y camas, recorriendo canales, lagos y pequeños pueblos históricos a tu ritmo. Algo así como viajar en caravana, pero por el agua, con paisajes mucho más espectaculares y, al menos para nosotros, de una forma incluso más sencilla y relajada.

Nosotros descubrimos esta forma de viajar durante la pandemia. Después de meses viendo cómo se cerraban fronteras, aeropuertos y ciudades enteras, cuando por fin recuperamos la libertad para viajar seguía existiendo cierta preocupación por los espacios compartidos, los transportes públicos y los continuos cambios de alojamiento. Buscando alternativas encontramos la posibilidad de alquilar un barco sin licencia y recorrer los canales de Europa manteniendo siempre el mismo espacio, la misma cocina y el mismo alojamiento durante todo el viaje.

Después de mucho investigar, decidimos que Frisia, en el norte de Países Bajos, era el lugar perfecto para una primera experiencia. La región cuenta con una enorme red de canales y lagos pensados para la navegación recreativa y permite realizar itinerarios muy sencillos para principiantes, recorriendo algunos de los paisajes más bonitos del país y, además, sin necesidad de pasar esclusas.

Aun así, sinceramente, nos dio muchísimo respeto. Jamás habíamos conducido un barco y ni siquiera nos gusta especialmente conducir. La idea de pasar quince días navegando nosotros solos por los canales de Países Bajos nos imponía bastante y estuvimos mucho tiempo dudando antes de reservar.

Pero después de darle muchísimas vueltas decidimos arriesgarnos. Y sinceramente, fue una de las mejores decisiones que hemos tomado y una de las experiencias más especiales de toda nuestra vida viajera. Nos gustó tanto que hemos repetido varias veces más y seguimos pensando que es una auténtica sorpresa que el alquiler de barcos sin licencia y las casas flotantes sigan siendo tan poco conocidos en España.

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Qué se siente al alquilar una casa flotante por Frisia (Países Bajos)

Antes de reservar estuvimos investigando muchísimo porque, sinceramente, la idea de conducir un barco sin licencia nos parecía una auténtica locura. Nosotros no teníamos ninguna relación con el mundo náutico, jamás habíamos llevado una embarcación y ni siquiera nos gusta demasiado conducir coches, así que imaginaros el respeto que nos daba pasar 15 días navegando nosotros solos en una casa flotante por Países Bajos.

Pero cuanto más investigábamos, más nos dábamos cuenta de que este tipo de viajes están precisamente pensados para gente sin experiencia. En Países Bajos, existe una enorme tradición de navegación fluvial y muchísimas empresas se dedican específicamente al alquiler de barcos sin licencia orientados a principiantes. Además, gran parte de estas embarcaciones sin licencia están pensadas precisamente para viajeros que nunca han navegado antes.

La navegación fluvial allí no tiene nada que ver con navegar en mar abierto. No hay grandes olas, ni corrientes fuertes, ni velocidades altas. Todo se hace muy despacio y las rutas están completamente preparadas para el turismo fluvial. En la práctica, alquilar un barco sin licencia en Países Bajos termina siendo muchísimo más sencillo de lo que imaginábamos antes del viaje y los paisajes que recorrerás son una maravilla.

Sabiendo todo esto, nosotros seguíamos teniendo bastante miedo a las esclusas. Probablemente era lo que más respeto nos daba de todo el viaje. Habíamos visto vídeos, leído experiencias y nos parecía complicadísimo maniobrar dentro de ellas sin golpear el barco. Por eso, buscando distintas rutas e itinerarios para principiantes, terminamos encontrando esta ruta por Frisia, donde podíamos hacer un recorrido de unas dos semanas sin tener que pasar ninguna esclusa.

Además, cuando llegas a recoger el barco, la empresa no te entrega simplemente las llaves y desaparece. Si es la primera vez que navegas, antes de salir puedes hacer una pequeña formación práctica para enseñarte cómo manejar este tipo de barcos sin licencia de forma segura.

Dicho lo anterior, nuestros primeros minutos saliendo de la marina fueron bastante tensos. Creo que prácticamente no respirábamos. De hecho, una de las anécdotas que más recordamos del viaje ocurrió precisamente el primer día, cuando llegamos a nuestro siguiente destino y nos dio un poco de miedo entrar en la marina.

No lo teníamos nada claro así que, amarramos en el primer hueco libre que vimos. Al acercarnos a la orilla, un señor muy amable, que debió leer perfectamente en nuestros gestos que no teníamos ni idea de qué hacer con el barco, nos pidió que le lanzáramos las amarras y nos ayudó a amarrar.

Después nos explicó que en realidad habíamos atracado… ¡en el embarcadero de un restaurante! Pero lejos de pedirnos que entráramos correctamente en la marina, nos invitó a pasar la noche allí mismo, sin necesidad de hacer ninguna maniobra más y dando prácticamente por concluida la primera jornada de navegación de nuestra vida conduciendo un barco sin licencia en Países Bajos.

Al principio pensamos que simplemente habíamos tenido suerte encontrando a alguien dispuesto a echarnos una mano justo cuando más lo necesitábamos. Pero luego nos dimos cuenta de que esto es algo completamente habitual allí. Durante las dos semanas que estuvimos navegando por los canales de Frisia, en Países Bajos con una de estas embarcaciones sin licencia, esta ayuda fue una constante.

Cada vez que nos acercábamos lentamente a un embarcadero para amarrar el barco, las personas que estaban paseando por allí se acercaban automáticamente para echarnos una mano. Nosotros lanzábamos las amarras desde el barco y ellos las cogían desde tierra ayudándonos a sujetar y colocar la embarcación. Además, muchas veces aprovechábamos para preguntar dudas sobre el lugar, el amarre, la marina o incluso sobre la navegación del día siguiente.

Y sinceramente, una de las cosas más bonitas que descubrimos durante este viaje fue que, igual que ocurre cuando viajas en caravana, entre las personas que navegan o alquilan barcos sin licencia, existe una especie de compañerismo y ayuda constante entre todos, que nos hizo sentir muy arropados desde el primer día. En todas partes nos daban algún consejo para amarrar mejor, para navegar por la zona o simplemente para descubrir algún rincón bonito del lugar.

De hecho, terminamos sintiéndonos tan integrados y seguros de lo que estábamos haciendo que, pocos días después de empezar nuestra aventura navegando por Frisia, ya éramos nosotros quienes cogíamos las amarras de otros barcos que llegaban al embarcadero y ayudábamos a acercar las embarcaciones a la orilla cuando otros viajeros llegaban navegando.

Y así fue cómo comenzó nuestra aventura alquilando un barco sin licencia y navegando por Países Bajos. Nuestros hijos tenían entonces 4 y 8 años y probablemente por eso el recuerdo que tenemos de aquel viaje sigue siendo todavía más especial. Durante catorce días vivimos en una pequeña casa flotante, moviéndonos lentamente entre canales, lagos, molinos, puentes levadizos y algunos de los pueblos más bonitos de Frisia. Allí dormíamos, desayunábamos, cenábamos y recorríamos Países Bajos a otro ritmo completamente distinto, muchísimo más pausado y relajado que cualquier otro viaje que hubiéramos hecho antes.

Cada mañana desayunábamos tranquilamente en el barco antes de ponernos rumbo al siguiente destino. A veces los niños subían arriba con nosotros y ayudaban a conducir, miraban el mapa o iban pendientes de la ruta. Pero nunca se quitaban el pijama hasta llegar al siguiente destino. Mientras nosotros navegábamos lentamente entre canales y lagos frisones, ellos seguían abajo leyendo, jugando a la consola o simplemente mirando el paisaje a través de las ventanas del barco. Y cuando llegábamos al siguiente pueblo, amarrábamos, nos arreglábamos con calma y salíamos a explorar.

Aquella forma de viajar tenía algo completamente distinto a cualquier otra experiencia que hubiéramos vivido antes. No había prisas, no había aeropuertos, no había que hacer maletas constantemente ni pasar horas en carretera. El propio trayecto formaba parte del viaje. Navegar lentamente entre pequeños pueblos históricos, atravesar puentes levadizos, ver molinos aparecer junto al agua o desayunar viendo pasar barcos delante de tu ventana terminaba convirtiéndose en la verdadera experiencia del viaje.

Además, con el barco alquilamos unas bicicletas que nos acompañaron durante todo el viaje para movernos por los distintos pueblos. Este fue otra de las mejores decisiones del viaje. En Países Bajos prácticamente todo el mundo se mueve en bici. Hay carriles bici por todas partes, paisajes completamente planos y muchísimos caminos junto a los canales que hacen que recorrer la zona pedaleando sea comodísimo incluso viajando con niños.

Y aunque al principio nos parecía completamente impensable que nosotros fuésemos capaces de conducir un barco durante dos semanas, terminamos descubriendo algo que todavía hoy seguimos recomendando muchísimo: que hacer una ruta en barco casa flotante por Frisia es probablemente una de las formas más relajantes, originales y especiales de descubrir Países Bajos.

Si después de leer nuestra experiencia estás pensando en hacer un viaje parecido, probablemente la siguiente pregunta sea cómo reservar este tipo de embarcaciones y qué empresa elegir


Cómo alquilar un barco sin licencia en Países Bajos, para hacer una ruta como la nuestra

Si después de leer nuestra experiencia te estás planteando hacer un viaje parecido, probablemente la siguiente pregunta sea cómo alquilar un barco sin licencia y qué conviene tener en cuenta antes de reservar.

La realidad es que hoy en día alquilar un barco sin licencia resulta muy parecido a reservar un apartamento o un coche de alquiler. No necesitas experiencia previa, no necesitas ningún título náutico y tampoco hace falta contratar patrón. De hecho, cuando busques opciones verás que muchas empresas utilizan indistintamente términos como alquiler de barcos sin licencia, alquiler barco sin patrón, o incluso alquiler de casas flotantes, aunque en la práctica suelen referirse al mismo tipo de experiencia: embarcaciones diseñadas para que cualquier persona pueda navegar por canales y lagos de forma sencilla y segura.

👉 Después de varios viajes alquilando un barco sin licencia en Países Bajos, la plataforma que más utilizamos actualmente para buscar este tipo de embarcaciones es la que te dejamos en este enlace

Nos gusta sobre todo porque tiene una amplia variedad de barcos sin licencia, casas flotantes y embarcaciones de recreo en distintos destinos. Tanto si buscas una pequeña embarcación para una escapada de fin de semana como si quieres alquilar una casa flotante para recorrer Países Bajos, Blegica o Francia durante una o dos semanas, normalmente encontrarás muchas más opciones de las que imaginas.

Además, el buscador permite filtrar muy bien los resultados para ajustarlos a las preferencias o necesidades de cada grupo y ofrece asesoramiento personalizado para ayudarte a encontrar la embarcación perfecta según la disponibilidad, el presupuesto y el tipo de viaje que quieras realizar.

El barco que alquilamos para este viaje nos gustó mucho y fue perfecto para una primera experiencia navegando por los canales de Países Bajos. Eso sí, se trata de una embarcación relativamente antigua, por lo que seguramente encontrarás opciones similares más modernas y mejor equipadas dentro de la propia plataforma, aunque normalmente también tendrán un precio más elevado.

👉 Si estás valorando alquilar una casa flotante o un barco sin licencia para recorrer Frisia y quieres ir a lo seguro, aquí puedes ver exactamente la embarcación que utilizamos nosotros durante este viaje y comprobar si está disponible para tus fechas

Para localizar tu embarcación ideal, lo primero, como en cualquier plataforma de reservas vacacionales, es indicar el destino y las fechas. En Países Bajos, por ejemplo, puedes buscar directamente en Frisia, que es la región donde realizamos esta ruta.

Aunque también puedes buscar por ciudades concretas como Drachten, Woudsend o Akkrum, nosotros recomendamos filtrar directamente por Frisia. De esta forma accederás a muchas más embarcaciones disponibles repartidas por toda la región y podrás comparar mejor precios, tamaños y características antes de decidir desde qué marina quieres comenzar el viaje.

Es importante que sepas también que la mayoría de barcos se alquilan de sábado a sábado, de viernes a viernes o de domingo a domingo, por lo que si filtras fechas poco habituales puede que aparezcan menos opciones disponibles. Aun así, si tus fechas son flexibles, la propia plataforma suele sugerir alternativas con mayor disponibilidad.

Una vez introducidas las fechas y el destino, es importante filtrar también por el tipo de embarcación. Si no lo haces, aparecerán veleros, catamaranes y otros barcos que no nos interesan para este tipo de viaje.

En la plataforma que nosotros recomendamos es importante seleccionar la categoría «LANCHA»o «BARCO A MOTOR». Aunque resulte curioso, muchas de las casas flotantes y embarcaciones diseñadas para navegar por canales y lagos están clasificadas dentro de esta categoría y no dentro del apartado específico de casas flotantes. De hecho, si filtras únicamente por «casa flotante», probablemente te perderás muchas opciones interesantes.

Después de introducir estos parámetros, llega el momento de afinar la búsqueda. Nosotros solemos fijarnos especialmente en el precio por día, el número de pasajeros, el número de camarotes y la longitud de la embarcación.

Para una primera experiencia, creemos que una embarcación de entre 10 y 15 metros suele ofrecer el mejor equilibrio entre comodidad y facilidad de maniobra. Nosotros evitaríamos barcos excesivamente grandes si nunca has navegado antes. Por regla general, hasta unos 15 metros resultan bastante fáciles de conducir incluso para principiantes.

Finalmente, algo que nosotros consideramos especialmente importante es filtrar por la presencia de hélice de proa dentro del apartado de equipamiento y navegación.

Puede parecer un detalle menor, pero después de varias semanas navegando por los canales de Países Bajos podemos decir que facilita muchísimo las maniobras de atraque. Básicamente permite mover lateralmente la parte delantera del barco y ayuda mucho cuando tienes que entrar en una marina, acercarte a un embarcadero o corregir la posición de la embarcación.

Una vez aplicados todos estos filtros, podrás ver las opciones disponibles, las marinas desde las que salen y el precio. Como ocurre en cualquier plataforma de reservas, también puedes ordenar los resultados por precio para empezar revisando las opciones más económicas. Nosotros solemos acabar eligiendo opciones intermedias, buscando siempre un buen equilibrio entre comodidad, tamaño y presupuesto.

Cuando finalmente encuentras un barco que encaja con lo que estás buscando, puedes reservarlo directamente o solicitar un presupuesto personalizado. Esta última opción nos parece especialmente interesante para quienes quieren alquilar un barco sin licencia por primera vez.

Si es tu primera experiencia de alquiler de barco sin licencia, nosotros recomendamos solicitar presupuesto y dejar el número de teléfono para que te llame un asesor especializado. Muchas veces terminan proponiéndote alternativas mejores, más modernas o incluso más económicas que las que habías encontrado inicialmente por tu cuenta.

Además, para quienes nunca han realizado unas vacaciones en una casa flotante o en un barco sin licencia, resulta muy útil poder hablar con alguien que conozca bien las embarcaciones disponibles. Te ayudan a escoger la zona más adecuada para navegar, el tamaño de barco ideal, la marina de salida más conveniente e incluso te explican cómo llegar hasta el puerto donde recogerás la embarcación.

Aunque este viaje lo realizamos en Países Bajos, este tipo de rutas también pueden hacerse en Francia, Bélgica, Alemania o Reino Unido. Sin embargo, si es tu primera vez navegando en una casa flotante o en un barco sin licencia, seguimos pensando que Frisia es probablemente uno de los mejores lugares de Europa para empezar.

👉 Si quieres comparar precios, tamaños y disponibilidad para tus fechas, aquí puedes consultar todas las casas flotantes y barcos sin licencia disponibles actualmente en Frisia u otras zonas de Países Bajos


¿Merece la pena alquilar un barco sin licencia con niños?

Después de hacer este viaje, sinceramente creemos que sí. Muchísimo. De hecho, probablemente sea una de las formas más cómodas, originales y relajadas de viajar con niños que hemos probado hasta ahora, precisamente porque combina continuamente esa sensación de aventura con una manera de viajar lentísima y muy tranquila.

Nuestros hijos vivieron la experiencia como una auténtica aventura desde el primer día. Ayudaban con las amarras, se fijaban en los puentes, saludaban a otros barcos y poco a poco empezaron incluso a entender cómo funcionaba la navegación y participaban en las tareas. Lo más curioso es que, sin darse cuenta, terminaron completamente adaptados a aquella vida sobre el agua en apenas unos días.

Además, algo que nos encantó de Frisia es que todo resulta increíblemente cómodo para viajar en familia. Los pueblos son tranquilos, las distancias cortas, apenas hay tráfico y constantemente tienes la sensación de estar recorriendo un lugar pensado precisamente para disfrutar sin prisas. A diferencia de otros viajes donde terminas agotado moviéndote continuamente de un sitio a otro, aquí el propio trayecto termina formando parte del descanso.

Y sinceramente, después de pasar dos semanas navegando por los canales holandeses, entendimos perfectamente por qué veíamos tantísimas familias haciendo exactamente el mismo tipo de viaje que nosotros. Durante toda la ruta era habitual cruzarnos continuamente con otras casas flotantes, muchas de ellas también llenas de niños jugando arriba del barco o ayudando con las amarras mientras navegaban entre canales y lagos.

Pero aunque nos parece una experiencia ideal para hacer con niños, también creemos que tiene que ser un viaje divertidísimo para hacer con amigos. Al final pasas muchísimo tiempo conviviendo juntos en el barco, cocinando, navegando, tomando algo al atardecer o simplemente recorriendo pequeños pueblos y terrazas junto al agua, así que entendimos perfectamente por qué este tipo de vacaciones son tan populares en Países Bajos.

Además, este tipo de viajes resultan muchísimo más sencillos de lo que parecen al principio, incluso para personas que jamás han llevado una embarcación o que nunca habían pensado en conducir un barco por su cuenta. De hecho, probablemente el miedo inicial es muchísimo peor que la realidad. Una vez pasan las primeras horas empiezas a entender perfectamente cómo funcionan los puentes, los amarres y la navegación, y todo termina resultando muchísimo más natural de lo que habías imaginado.

👉 Si te ha gustado la idea de hacer un viaje parecido en familia, aquí puedes consultar las casas flotantes y barcos sin licencia disponibles actualmente en Frisia y comprobar qué opciones encajan mejor con vuestro presupuesto y fechas de viaje


Consejos para alquilar un barco sin licencia en Frisia

Después de nuestra experiencia recorriendo Frisia en un barco sin licencia, hay varias cosas que creemos que merece muchísimo la pena tener en cuenta antes de organizar un viaje así, especialmente si es vuestra primera vez navegando.

La primera y probablemente más importante es no tener miedo aunque nunca hayas llevado una embarcación. Nosotros tampoco teníamos absolutamente ninguna experiencia previa y sinceramente acabamos descubriendo que este tipo de viajes están pensados precisamente para principiantes. Las rutas son tranquilas, la navegación es lenta y las propias empresas de alquiler suelen explicarte todo antes de salir.

También recomendamos muchísimo elegir una ruta sencilla para empezar. Como ya hemos contado, nosotros la primera vez, preferimos evitar esclusas y trayectos demasiado largos o concurridos, algo que hizo que fuémos más tranquilos, pero una vez le coges el truco, todo resulta muy natural y terminas entendiendo perfectamente cómo funcionan los amarres, los puentes, la vida en los canales y también las exclusas.

Otro consejo que para nosotros fue clave es alquilar bicicletas junto con el barco. En Frisia prácticamente todo el mundo se mueve en bici y muchos de los pueblos, playas y rutas más bonitas se disfrutan muchísimo más pedaleando tranquilamente entre canales, molinos y campos verdes. Además, viajar con bicicletas te permite recorrer muchísimo mejor los alrededores una vez amarras el barco.

A la hora de reservar, creemos que merece muchísimo la pena comparar bien los distintos tipos de embarcaciones porque hay bastante diferencia entre unas y otras. Algunas son mucho más pequeñas y sencillas, mientras que otras funcionan prácticamente como una auténtica casa flotante, con cocina completa, varias habitaciones, terraza exterior y muchísimo más espacio para viajar cómodamente durante varios días.

También recomendamos revisar bien desde dónde sale el barco y qué rutas propone la propia empresa. Si es vuestra primera experiencia, sinceramente creemos que zonas como Frisia son perfectas porque la navegación es muy tranquila, hay muchísima infraestructura preparada para este tipo de viajes y existen rutas pensadas específicamente para principiantes.

Además, merece la pena fijarse bien en aspectos como el tamaño del barco, el número de camarotes, si incluye bicicletas, el tipo de navegación permitida o si la ruta recomendada evita esclusas complicadas, algo especialmente importante si nunca habéis navegado antes.

Pero probablemente lo más especial de este tipo de vacaciones sea precisamente el ritmo al que se viaja. Todo ocurre despacio. Navegas lentamente entre canales, amarras donde te apetece, recorres pequeños pueblos históricos y terminas disfrutando muchísimo más del propio camino que de llegar a ningún sitio concreto.

Y precisamente por eso creemos que recorrer Países Bajos en un barco sin licencia es una experiencia tan diferente y tan especial.

👉 Si después de leer nuestra experiencia te gustaría organizar una ruta similar por los canales de Frisia, aquí puedes consultar los barcos sin licencia y casas flotantes disponibles actualmente y comprobar qué embarcaciones se adaptan mejor al tipo de viaje que estás buscando


Nuestra ruta de 14 días alquilando un barco sin licencia por Frisia (Países Bajos), con niños

Durante dos semanas recorrimos algunos de los pueblos, lagos y canales más bonitos de Frisia, en el norte de Países Bajos, viviendo en una pequeña casa flotante que nosotros mismos conducíamos sin experiencia previa. Nuestra ruta estaba pensada para principiantes, evitando esclusas complicadas y con trayectos relativamente cortos, algo ideal para una primera experiencia en un barco sin licencia por Países Bajos

Además, alquilamos bicicletas para movernos por los distintos pueblos y alrededores, y sinceramente creo que fue una de las mejores decisiones del viaje. En Frisia prácticamente todo el mundo se mueve en bici. Hay carriles bici por todas partes, enormes aparcamientos para bicicletas y paisajes completamente planos que hacen que recorrer la zona pedaleando sea comodísimo incluso viajando con niños.

Esta fue la ruta que seguimos en nuestra casa flotante:

Día 1: Drachten – Grouw
Día 2: Grouw – Sneek
Día 3: Sneek – Bolsward
Día 4: Bolsward – Makkum
Día 5: Makkum – Workum
Día 6: Workum – Stavoren
Día 7: Stavoren – Woudsend
Día 8: Woudsend – Sloten
Día 9: Sloten – Lemmer
Día 10: Lemmer – Langweer
Día 11: Langweer – Joure
Día 12: Joure – Akkrum
Día 13: Akkrum – Princenhof / Earnewâld
Día 14: Regreso a Drachten

Día 1: Drachten – Grouw

Después de pasar la noche en el ambarcadero del restaurante, tomamos el primer desayuno tranquilamente en nuestra casa flotante antes de comenzar nuestra aventura navegando por Países Bajos. Nos despertamos rodeados completamente de agua y con esa sensación extraña, pero muy agradable, de estar viviendo algo totalmente distinto a cualquier otro viaje que hubiéramos hecho antes.

Después dimos un pequeño paseo por Grouw y aprovechamos para hacer algunas compras. Es un pueblo pequeñito y con muchísimo encanto, ideal como primera parada alquilando un barco licencia por los canales del norte de Países Bajos. Nos sorprendió muchísimo la iglesia tan grande que tiene para ser un lugar tan pequeño.

Gran parte de la vida allí gira precisamente alrededor del agua y de la navegación. Es completamente normal ver pequeñas embarcaciones entrando y saliendo constantemente de los canales, gente moviéndose en barco igual que nosotros usamos el coche y muchísimos vecinos relacionados de una forma u otra con el turismo fluvial, la navegación o las marinas de la zona.

Aunque todo esto nos sorprendió muchísimo en esta primera parada, con los días fuimos descubriendo hasta qué punto los canales forman parte de la vida cotidiana de las personas de esta zona del norte de Europa.

Día 2: Grouw – Sneek

Después de explorar este tranquilo pueblecito, pusimos rumbo a Sneek y allí comenzó realmente nuestra aventura navegando por Países Bajos, porque teníamos que pasar nuestros primeros puentes levadizos. Y fue precisamente allí donde vivimos otra de las anécdotas más divertidas del viaje.

Como íbamos completamente relajados y llevábamos nuestra propia casa flotante, no estábamos demasiado pendientes de la hora. Navegábamos despacio, a nuestro ritmo y disfrutando simplemente del camino. Pero al llegar a uno de los desvíos que debíamos tomar, nos encontramos de repente con un puente completamente cerrado.

Esperamos y esperamos, pero allí no aparecía nadie, ni parecía pasar absolutamente nada. No teníamos ni idea de cómo funcionaban aquellos puentes ni qué debíamos hacer para cruzar. Poco a poco empezamos a ponernos bastante nerviosos porque no veíamos a nadie por la zona y sinceramente nos preocupamos bastante pensando que nos habíamos quedado bloqueados allí con nuestro barco casa flotante.

Justo entonces vimos acercarse una pequeña barca con dos pescadores y les preguntamos qué estaba pasando. Ellos tampoco parecían tener demasiadas ganas de complicarse la vida y simplemente nos dijeron algo así como: “Pues estarán en la hora de comer”.

Y efectivamente… ahí descubrimos, un poco por las bravas, que los puentes levadizos de Países Bajos tienen horarios concretos de apertura y cierre.

Aquello terminó convirtiéndose en una lección importantísima para el resto de nuestro viaje alquilando un barco sin licencia en Frisia, Países Bajos. Si estás pensando en hacer una ruta parecida, sinceramente creemos que éste es uno de los consejos más importantes que podemos darte: revisar siempre los horarios de apertura de los puentes antes de planificar la navegación de cada día.

Lo bueno de viajar en una casa flotante es que, en cuanto entendimos lo que estaba pasando, decidimos aprovechar aquella pausa inesperada para preparar tranquilamente nuestra propia comida en el barco y comer antes de continuar nuestro rumbo hacia Sneek. Abajo la foto del puente y del momento.

Tras atravesar el puente, después de un buen rato navegando, haciéndonos poco a poco con el manejo de nuestro barco sin licencia y empezando a familiarizarnos con aquellos paisajes de canales y pequeñas casas junto al agua, llegamos por fin a Sneek.

Allí encontramos amarre libre junto al canal, justo antes de uno de los puentes levadizos de acceso al centro, por lo que la maniobra de amarre se limitó a acercar el barco al embarcadero, para poder amarrarlo. Este vez de frente, en vez de lateralmente, como la noche anterior. Poco a poco fuimos viendo que no hay ningún misterio, ni maniobras complicadas para amarrar el barco cada día, y todo resulta bastante más sencillo de lo que uno se imagina antes de lanzarse a la aventura.

Además, como ya empezaba a convertirse en algo habitual durante nuestro viaje de alquiler de barco sin licencia por Países Bajos, en cuanto nos acercamos al muelle varias personas desde la orilla nos pidieron que lanzáramos las amarras y nos ayudaron a colocar nuestro barco casa flotante y amarrarlo correctamente.

Sneek forma parte de las famosas once ciudades históricas de Frisia, las del mítico recorrido de patinaje Elfstedentocht, y probablemente sea la ciudad más importante y animada de toda la navegación fluvial de la región. Y sinceramente, nos sorprendió muchísimo la cantidad de gente que había. Veníamos todavía de la época posterior a la pandemia y creo que no habíamos visto tanta gente junta desde hacía casi dos años.

La ciudad tiene un ambiente completamente ligado al agua. Los canales atraviesan el centro, los puentes levadizos se abren constantemente para dejar pasar embarcaciones y prácticamente toda la vida gira alrededor de la navegación. Además, el gran símbolo de la ciudad es la famosa Waterpoort, la histórica puerta de agua del siglo XVII que se ha convertido en una de las imágenes más conocidas de toda Holanda.

Con los días descubriríamos hasta qué punto el agua forma parte de la vida cotidiana en esta zona del norte de Europa, pero probablemente fue en Sneek donde empezamos realmente a entenderlo. Históricamente, gran parte del comercio, el transporte y la vida diaria de la ciudad dependían completamente de la red de canales, algo que todavía hoy sigue muy presente en el ambiente de la ciudad.

Además, Sneek mantiene una relación enorme con los deportes náuticos y la navegación. De hecho, cuenta con muchísimas empresas relacionadas con el mundo marítimo y cada verano celebra la famosa Sneekweek, considerada una de las mayores competiciones y fiestas de vela en aguas interiores de Europa. Y mira por dónde, justo coincidimos con ella sin saberlo, lo que explicaba perfectamente el increíble ambiente que encontramos nada más llegar.

Día 3: Sneek – Bolsward

Con la lección aprendida el día anterior, a la mañana siguiente madrugamos bastante para desayunar tranquilos en nuestro barco casa flotante y estar listos para comenzar la navegación justo a las 09:00 de la mañana, que era cuando volvían a abrir los puentes levadizos.

De esta forma nos asegurábamos llegar al siguiente destino antes del cierre de mediodía, que cuando nosotros viajamos solía ser aproximadamente entre las 12:00 y las 13:00. Y sinceramente, aquello fue una de las primeras cosas que nos hizo entender que viajar alquilando un barco sin licencia por los canales de Países Bajos tiene un ritmo completamente distinto al de cualquier otro viaje.

Nosotros tardamos algo más de tres horas en llegar hasta Bolsward, navegando lentamente entre canales, pequeños pueblos y paisajes completamente verdes. Durante el trayecto fuimos atravesando además varios puentes levadizos y pasando junto a molinos tradicionales holandeses que aparecían constantemente junto al agua, entre praderas, pequeñas casas y embarcaderos.

En este tipo de viajes de alquiler de barco sin patrón, la navegación en sí misma termina siendo casi tan importante como el propio destino. Muchas veces el verdadero viaje ocurre durante el trayecto: las conversaciones tranquilas, los increíbles paisajes pasando lentamente frente al barco, los niños jugando dentro de la casa flotante o simplemente la sensación de avanzar despacio sin ninguna prisa.

Cuando llegamos a Bolsward nos encontramos una ciudad completamente distinta a Sneek. No tanto porque fuese más pequeña, sino porque el ambiente era muchísimo más tranquilo y relajado. Después de toda la animación de la Sneekweek, aquí todo parecía moverse a otro ritmo.

La ciudad tiene muchísimo encanto, con canales, zonas verdes muy cuidadas, pequeños parques junto al agua y un centro histórico precioso lleno de edificios tradicionales de ladrillo. De hecho, nos sorprendió muchísimo el espectacular ayuntamiento renacentista de Bolsward, considerado uno de los más bonitos de todo el país y probablemente uno de los edificios más impresionantes que vimos durante todo el viaje navegando por Países Bajos

También nos encantaron las zonas ajardinadas junto a los canales, donde la gente descansaba tranquilamente mientras los barcos iban pasando lentamente. Y por supuesto, volvimos a encontrarnos con otra enorme iglesia dominando completamente el perfil de la ciudad, algo que terminaría convirtiéndose casi en una constante durante nuestro viaje en barco casa flotante por los canales del norte de Holanda.

Día 4: Bolsward – Makkum

Después de Bolsward pusimos rumbo a Makkum, en una navegación de unas dos horas aproximadamente, aunque como siempre en este tipo de viajes el tiempo depende bastante del ritmo del barco, de los puentes y de las pequeñas esperas que vayan surgiendo por el camino.

Durante el trayecto atravesamos aproximadamente unos seis puentes levadizos. En uno de ellos vivimos además otra de esas pequeñas anécdotas que ahora recordamos con bastante gracia: el vigilante del puente estaba dormido y, después de esperar un buen rato amarrados junto al canal, terminamos teniendo que despertarle para que pudiera abrirnos el paso.

Si estás pensando en hacer esta misma ruta de alquiler de barco sin patrón por Frisia, realmente solo tienes que estar pendiente de desviarte correctamente a la derecha al llegar al puente de Van Panhuysbrug. Por lo demás, la navegación hasta Makkum es bastante sencilla y sin demasiadas complicaciones, incluso para personas que nunca antes hayan navegado en un barco sin licencia.

Para acceder con el barco hasta la parte más céntrica de Makkum hay además una pequeña esclusa llamada Schutsluis Makkum. Nosotros todavía les teníamos bastante respeto a las esclusas y preferimos no atravesarla, dejando el barco antes de entrar al centro del pueblo.

Y sinceramente, si como nosotros es tu primera vez viajando en una casa flotante, creemos que puede ser una muy buena opción. Según vas entrando en Makkum empiezan a aparecer amarres a ambos lados del canal donde puedes dejar tranquilamente tu barco casa flotante y recorrer la ciudad andando. Algunos son gratuitos, aunque sin conexión a luz ni agua, y un poco más adelante también hay amarres de pago con electricidad, agua, baños y duchas, sin necesidad de pasar la exclusa.

Después de dejar el barco fuimos caminando hasta la esclusa para verla funcionar. Como hemos contado, en aquel momento todavía nos imponían bastante las maniobras y preferimos no pasarla, pero sinceramente, viendo cómo funcionaba, tampoco nospareció complicado.

Makkum nos pareció un lugar completamente distinto a las paradas anteriores. Está situado junto al IJsselmeer, el enorme lago interior de Países Bajos, y eso hace que tenga un ambiente mucho más abierto, marinero y vacacional. Aunque conserva canales, casas tradicionales y un pequeño centro histórico muy agradable, aquí ya se nota muchísimo más la relación constante con el viento, el agua abierta y los deportes náuticos.

De hecho, una de las cosas más conocidas de Makkum es precisamente su playa junto al IJsselmeer, bastante famosa entre la gente que practica windsurf y kitesurf. Nosotros intentamos acercarnos en bicicleta desde el centro, porque apenas se tarda unos minutos, pero nos cayó literalmente el diluvio universal y terminamos dándonos la vuelta antes de llegar. Y sinceramente, aquello también nos sirvió para aprender otra lección importante de este viaje: aunque viajes en agosto, en Países Bajos conviene ir siempre preparado para la lluvia.

La ciudad además tiene bastante historia ligada al comercio y a la navegación, y durante siglos fue un lugar importante gracias a su conexión con el IJsselmeer. Allí se encuentra también la famosa Royal Tichelaar Makkum, considerada una de las fábricas de cerámica más antiguas de los Países Bajos, funcionando desde el siglo XVI.

Y sinceramente, creo que Makkum nos gustó precisamente por ese contraste entre pueblo histórico, canales, ambiente marinero y sensación de costa. Después de varios días navegando lentamente entre pueblos interiores de Frisia, empezar a sentir la cercanía del IJsselmeer hacía que el viaje en nuestro barco sin licencia pareciera cambiar completamente de paisaje y de ambiente.

Día 5: Makkum – Workum

Después de desayunar en nuestra casa flotante, como ya empezaba a ser habitual en este viaje de alquiler de barco sin licencia por Países Bajos, emprendimos rumbo hacia el siguiente destino: Workum.

Tardamos aproximadamente unas dos horas en llegar desde Makkum, aunque el tiempo puede variar bastante dependiendo de la velocidad a la que navegues, del tráfico de barcos que encuentres y de las esperas en los puentes. La navegación fue muy tranquila y sencilla, atravesando paisajes completamente verdes, pequeños canales y varias zonas residenciales junto al agua. Como en casi toda esta parte de Frisia, durante el trayecto también fuimos cruzando varios puentes y viendo pequeñas embarcaciones navegando constantemente de un lado a otro.

Al llegar a Workum descubrimos que hay muchísimos jachthavens (así llaman allí a las marinas o puertos deportivos donde amarran los barcos). Justo al pasar el primer puente hay una marina, aunque queda un poco apartada del centro, así que si haces esta misma ruta de alquiler de barco sin patrón, nuestra recomendación es continuar un poco más y pasar el siguiente puente antes de amarrar. Nosotros lo hicimos así y fue muchísimo más cómodo para recorrer el pueblo caminando y movernos en bicicleta.

En esa zona encontramos tanto amarres gratuitos como otros de pago donde podías conectarte a la luz, cargar agua y utilizar baños y duchas. Nosotros pagamos unos 16 euros por pasar la noche y además nos dieron un pequeño mapa de la ciudad. También había wifi en la marina.

Uno de los mejores planes que hicimos allí fue precisamente coger las bicicletas y recorrer los caminos que bordean el IJsselmeer. Desde la marina hasta la playa apenas había unos diez minutos en bici y el camino discurre entre zonas verdes, pequeños canales y caminos completamente llanos, perfectos para hacer tranquilamente incluso con niños. Aquella playa estaba llena de gente practicando kitesurf y windsurf, algo muy típico en esta parte de Holanda por el viento constante y las aguas poco profundas del lago.

Más tarde seguimos la ruta en bicicleta hasta Hindeloopen, otra de las famosas once ciudades históricas de Frisia. Desde la marina de Workum hay unos 7 kilómetros aproximadamente y nosotros tardamos alrededor de una hora porque fuimos despacio y parando varias veces por el camino. La ruta pasa junto a campos verdes, canales y uno de los molinos tradicionales de la zona.

Hindeloopen es una de esas pequeñas ciudades históricas frisias que conservan todavía un ambiente muy tradicional. A pesar de su tamaño, durante siglos fue un importante puerto comercial y aún mantiene sus pequeños canales, puentes, casas tradicionales y calles estrechas junto al agua. Allí también se puede ver la esclusa del pueblo, pasear junto al muro de contención del IJsselmeer y visitar algunos museos curiosos, entre ellos el museo del patinaje, muy relacionado con la tradición del Elfstedentocht, la famosa ruta de patinaje sobre hielo que conecta las once ciudades históricas de Frisia.

Además, tanto Workum como Hindeloopen forman parte del proyecto de las once fuentes de Frisia. Cada una de estas ciudades tiene una fuente diseñada por un artista diferente e inspirada en la identidad y la historia del lugar. Algunas, aunque hoy apenas sean pequeños pueblos, conservan todavía el título histórico de ciudad por la importancia comercial que tuvieron hace siglos.

Día 6: Workum – Stavoren

Como siempre, después de desayunar en nuestra casa flotante emprendimos rumbo hacia el siguiente destino de nuestra ruta de alquiler de barco sin licencia por Países Bajos: Stavoren. Nosotros tardamos aproximadamente unas tres horas en completar el trayecto desde Workum, aunque el tiempo puede variar bastante dependiendo de la velocidad a la que navegues, del tráfico de barcos que encuentres y, sobre todo, de los puentes levadizos.

Nada más salir de Workum tuvimos que esperar un rato en el segundo puente de la ciudad porque debía pasar el tren. Hasta que el tren no cruzó, el puente no se abrió, y cuando finalmente lo hizo había bastantes barcos esperando en ambas direcciones. Precisamente ese tipo de pequeños detalles son los que terminan marcando el ritmo de un viaje así. Aquí no importa llegar rápido, sino adaptarse a la navegación y disfrutar del trayecto.

Además, esta parte de la ruta fue especialmente interesante porque el paisaje iba cambiando poco a poco. Hasta ese momento habíamos recorrido sobre todo pequeños canales, lagos interiores más protegidos, pueblos históricos y marinas tranquilas, pero al acercarnos a Stavoren la navegación empezó a abrirse cada vez más hacia el enorme IJsselmeer, el gigantesco lago interior que antiguamente era mar abierto.

De repente desaparecía bastante esa sensación de “canal” y aparecía una especie de costa interior inmensa, abierta y llena de vida. El horizonte se hacía muchísimo más amplio, comenzaron a aparecer decenas de veleros navegando alrededor y por momentos parecía más una navegación costera que un recorrido fluvial típico en una casa flotante, aunque sin los peligros del mar abierto.

Además, en esta parte de la ruta pasamos también por uno de los tramos más curiosos de toda la navegación: el acueducto navegable de Galamadammen. Llevábamos varios días viendo puentes levadizos y esclusas, pero aquí ocurría justo lo contrario: éramos nosotros quienes pasábamos “por encima” de la carretera mientras los coches circulaban por debajo Teníamos muchas ganas de atravesarlo porque nos parecía una de las imágenes más curiosas de toda la ruta y la sensación al cruzarlo fue bastante impresionante.

Finalmente llegamos a Stavoren, otra de las famosas once ciudades históricas de Frisia. Aunque es bastante pequeña, tiene muchísimo encanto y una enorme importancia histórica. Durante siglos fue uno de los puertos comerciales más importantes del norte de Europa y todavía conserva ese ambiente completamente ligado al agua y a la navegación.

Además, en Stavoren descubrimos una de las curiosidades más sorprendentes de toda la ruta por Frisia. Como ya habíamos visto anteriormente en Workum y Makkum, esta localidad también forma parte del proyecto artístico de las famosas “11Fountains”, una colección de fuentes modernas repartidas entre las once ciudades históricas frisias.

La de Stavoren probablemente sea una de las más impactantes de todas: una gigantesca cabeza de pez saliendo literalmente del agua en pleno puerto. La fuente, conocida como The Fish Fountain, fue diseñada por el artista estadounidense Mark Dion y hace referencia a la histórica relación de Stavoren con el mar, la pesca y el comercio marítimo.

Muy cerca del puerto también se encuentra la famosa estatua de la “Dama de Stavoren”, ligada a una antigua leyenda frisona bastante conocida en la zona. Y además, igual que nos ocurrió en otros pueblos de Frisia, aquí volvimos a encontrar pequeños canales, barcos entrando y saliendo constantemente y muchísima vida alrededor del agua.

Otra de las cosas que más nos sorprendió de esta zona fue el ambiente tan bucólico que tenían muchas de sus pequeñas playas y caminos junto al IJsselmeer. Alrededor de Stavoren era completamente normal encontrarse ovejas pastando tranquilamente junto al lago mientras decenas de pequeños veleros navegaban a lo lejos. Todo parecía sacado de una postal: diques verdes, agua infinita, barquitos de vela y ovejas caminando prácticamente al borde del agua.

Después aprovechamos para recorrer tranquilamente la zona junto al lago y disfrutar del ambiente veraniego que había alrededor del IJsselmeer. Y para terminar el día acabamos en la playa de Stavoren, una zona muy popular entre los locales durante el verano. Aunque técnicamente no es mar abierto, el IJsselmeer es tan enorme que muchas veces da completamente esa sensación. Había muchísima gente bañándose, navegando o simplemente descansando sobre el césped junto al agua mientras otros practicaban vela o deportes acuáticos aprovechando el viento constante de esta zona de Países Bajos.

La verdad es que esta parte del viaje nos permitió descubrir una cara completamente distinta de este viaje de alquiler de barco sin patrón. La navegación dejaba de parecer únicamente un recorrido entre canales y pueblos para convertirse, por momentos, en algo mucho más parecido a navegar junto a una enorme costa interior en nuestra propia casa flotante.

Día 7: Stavoren – Woudsend

Después de desayunar en nuestra casa flotante, salimos de Stavoren sobre las 09:15h para continuar nuestra ruta de alquiler de barco sin licencia por Frisia. Revisando ahora el mapa náutico de esta etapa, se entiende perfectamente por qué la navegación aquel día fue tan distinta a las anteriores. Hasta entonces habíamos recorrido sobre todo pequeños canales, pueblos históricos y marinas tranquilas, pero entre Stavoren, Woudsend y Sloten la ruta atraviesa varios de los grandes lagos interiores de Frisia.

El trayecto hasta Woudsend nos llevó aproximadamente unas tres horas. Durante buena parte del recorrido navegamos atravesando enormes extensiones abiertas de agua conectadas entre sí, especialmente la zona de los lagos del Fluessen y alrededores. En algunos momentos la sensación era completamente diferente a la de los primeros días del viaje: de nuevo desaparecían los canales estrechos y de repente parecía que estuviésemos recorriendo una pequeña costa interior llena de veleros.

Dependiendo del viento, aquí sí se notaban algo las olas y el movimiento del agua. De hecho, fue una de las etapas donde más sensación tuvimos de estar navegando “de verdad” y no simplemente recorriendo canales tranquilos entre pueblos.

Durante esta navegación también atravesamos uno de los típicos puentes de pago de Frisia. Para pasar había que pagar unos 3 €, aunque nosotros acabamos pagando 4 € porque no llevábamos el importe exacto. Como ocurre en muchos puentes y esclusas tradicionales de Países Bajos, el encargado te acerca literalmente un zueco sujeto a una caña para que metas el dinero desde el barco. Si tienes pensado hacer el mismo itinerario que nosotros, merece bastante la pena llevar siempre algo de dinero suelto a mano porque este sistema sigue utilizándose en bastantes puentes y esclusas de la zona.

Finalmente llegamos a Woudsend, un pueblo muy pequeño rodeado de agua, canales y molinos tradicionales, situado en pleno corazón de la región de los lagos frisones. Aquí el amarre nos costó unos 23 €, algo más caro que en otras etapas, y además fue uno de los pocos lugares donde el agua y la electricidad no estaban incluidas en el precio del atraque. Había que introducir monedas de 50 céntimos para obtener agua y electricidad en los postes del puerto.

Aunque es un pueblo pequeño, Woudsend tiene bastante encanto y mantiene completamente ese ambiente típico de las localidades históricas frisias donde prácticamente toda la vida gira alrededor del agua y de la navegación. Conserva además dos molinos tradicionales muy cerca del centro y uno de ellos puede visitarse los sábados. También hay varias iglesias históricas, incluida una antigua iglesia reconvertida en restaurante.

Día 8:  Woudsend – Sloten

Después continuamos rumbo hacia Sloten, otra de las famosas 11 ciudades históricas de Frisia. Aunque hoy apenas es un pequeño pueblo, Sloten mantiene oficialmente el título de ciudad histórica y forma parte de las míticas 11 ciudades de Frisia. De hecho, es la más pequeña de todas ellas, algo que se nota enseguida en el ambiente tranquilo, los canales estrechos y el tamaño diminuto de su centro histórico.

Desde Woudsend hasta Sloten tardamos aproximadamente una hora navegando. Soplaba algo de viento y el lago tenía un ligero movimiento, lo suficiente para añadir un pequeño toque de aventura a la navegación, pero sin llegar a resultar complicado en ningún momento, incluso para quienes no tienen experiencia previa.

Poco a poco fuimos dejando atrás los grandes lagos interiores y regresando de nuevo a una navegación más tranquila entre canales, pequeños puentes y pueblos históricos. Finalmente llegamos a Sloten, donde todo volvía a tener ese ambiente pausado y silencioso tan característico de esta parte del norte de Holanda.

Al llegar se puede ir atracando directamente donde haya hueco libre. Si no encuentras sitio antes del puente, justo al cruzarlo hay otro pequeño embarcadero bastante práctico donde también suele haber espacio para amarrar el barco. Nosotros pagamos allí el amarre más barato de todo el viaje, unos 13,50 €, aunque igual que nos había ocurrido ya en Woudsend, tanto la luz como el agua se pagaban aparte.

Aunque hoy apenas es un pequeño pueblo, Sloten mantiene oficialmente el título de ciudad histórica y forma parte del mítico recorrido del Elfstedentocht, la famosa ruta holandesa que conecta las once ciudades históricas de Frisia. De hecho, es una de las más pequeñas de todas, pero precisamente ahí está gran parte de su encanto.

El centro está rodeado de canales, pequeños puentes, antiguas casas tradicionales y restos de las antiguas fortificaciones defensivas que protegían la ciudad siglos atrás. Todo mantiene ese ambiente tranquilo tan típico del norte de Holanda, donde prácticamente toda la vida gira alrededor del agua y de la navegación.

Muy cerca del pueblo también hay un molino tradicional que puede visitarse los sábados, además de varias iglesias históricas. Una de ellas incluso fue reconvertida en restaurante. Y como ocurre en muchas de las ciudades históricas de Frisia, aquí también encontramos una de las fuentes artísticas del proyecto de las famosas “11 fountains”, repartidas entre las distintas ciudades históricas de la región.

Uno de los rincones más curiosos de la ciudad es la histórica Lemsterpoort, la antigua puerta de acceso a Sloten junto al agua. Justo al lado todavía se conserva incluso un antiguo cepo de madera, de esos donde antiguamente se castigaba públicamente a los delincuentes sujetándoles la cabeza y las manos delante de todo el pueblo. Resulta bastante curioso encontrarse algo así en una ciudad tan pequeña, tan tranquila y tan cuidada.

Día 9: Sloten – Lemmer

Después de pasar la noche en Sloten, volvimos a salir relativamente pronto rumbo a Lemmer, una de las localidades más conocidas y animadas de esta ruta en barco sin licencia por Frisia. Salimos sobre las 09:15h y llegamos alrededor de las 10 y pico, así que fue una etapa bastante corta en comparación con otras jornadas anteriores.

La navegación entre Sloten y Lemmer combinó de nuevo tramos de canal con zonas más abiertas del sistema de lagos frisones. A esas alturas del viaje ya habíamos atravesado varios lagos, así que no era la primera vez que salíamos a aguas más amplias. La sensación al navegar cambiaba mucho según el tramo: por momentos volvíamos a estar entre canales tranquilos y, de repente, el paisaje se abría y aparecían esas grandes superficies de agua tan características de Frisia, con veleros, pequeñas olas y muchísimo movimiento de embarcaciones.

Al llegar a Lemmer, primero intentamos entrar en una de las marinas, pero desde dentro nos hacían gestos y no entendíamos muy bien qué nos querían indicar. Como todavía preferíamos no complicarnos demasiado con maniobras innecesarias, finalmente dejamos el barco antes del primer puente, justo enfrente, en una zona desde la que se podía llegar perfectamente al centro en bicicleta o dando un paseo junto al agua.

El amarre aquel día nos costó unos 12 €, aunque en este caso no teníamos posibilidad de conectarnos a la luz ni de cargar agua, algo que sí habíamos encontrado en otros puertos durante el viaje. Si estás haciendo una ruta parecida en barco casa flotante, merece la pena tener esto en cuenta porque no todos los amarres tienen los mismos servicios, y algunos son simplemente lugares cómodos donde dejar el barco para visitar el pueblo.

Lemmer nos pareció bastante más grande y animada que muchas de las paradas anteriores. No tenía ese aire diminuto de algunos pueblos de Frisia, sino un ambiente mucho más movido, con más tráfico de barcos, más terrazas y mucha más sensación de puerto. De hecho, está considerada una especie de puerta de entrada a Frisia para quienes llegan desde el IJsselmeer, y se nota muchísimo esa mezcla entre ciudad de paso, puerto histórico y destino de vacaciones junto al agua.

Una de las cosas que más nos sorprendió fue encontrar una playa bastante grande muy cerca de la marina. No era la imagen que uno suele tener cuando piensa en Holanda y canales, pero allí estaba: una amplia zona de arena y césped junto al IJsselmeer, con gente tomando el sol, familias descansando y barcos navegando constantemente al fondo. Como en otras zonas de esta parte de Países Bajos, el lago es tan grande que muchas veces da la sensación de estar junto al mar, aunque técnicamente sigas en una enorme masa de agua interior.

Además, toda la zona estaba muy preparada para moverse en bicicleta. Desde donde dejamos nuestra casa flotante podíamos llegar al centro y a la zona del puerto siguiendo paseos cómodos junto al agua, con carriles bici, aparcamientos para bicicletas y ese ambiente tan típico de Frisia, donde la bici termina siendo casi tan importante como el barco.

Durante el paseo también nos acercamos hasta la enorme esclusa Prinses Margrietsluis, una infraestructura gigantesca por la que vimos pasar incluso grandes cargueros. Después de varios días viendo pequeños puentes, marinas tranquilas y canales estrechos, encontrarnos con una obra de ingeniería de ese tamaño impresionaba bastante. Allí el viaje volvía a mostrar otra cara completamente distinta de la navegación en Países Bajos: no solo la parte bonita y turística de los canales, sino también toda la infraestructura real que permite mover barcos, mercancías y agua por todo el país.

Además, navegando hacia la esclusa se pasa justo junto a la histórica estación de bombeo de vapor Woudagemaal, probablemente uno de los lugares más importantes de toda la ingeniería hidráulica neerlandesa. Construida a principios del siglo XX, está considerada la estación de bombeo a vapor más grande jamás construida y además sigue funcionando todavía hoy. En 1998 fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y resulta bastante impresionante verla aparecer junto al agua mientras navegas por esta zona de Frisia.

Después de varios días recorriendo pueblos más pequeños, Lemmer nos ofreció una parada completamente distinta dentro de la ruta: más animada, más abierta, con playa, grandes esclusas, tráfico constante de barcos y mucha vida alrededor del IJsselmeer. Fue una etapa corta de navegación, pero muy completa para entender otra cara totalmente diferente de este viaje en barco sin licencia por Frisia.

Día 10: Lemmer – Langweer

Después de desayunar en nuestra casa flotante y prepararnos para una nueva jornada de navegación por Frisia, salimos desde Lemmer rumbo a Langweer. Aquella etapa volvía a combinar pequeños canales interiores con algunas zonas mucho más abiertas de lago, atravesando además parte del corazón náutico de los lagos frisones.

Para llegar hasta Langweer había dos rutas posibles: la recomendada en nuestro itinerario y otra alternativa que sobre el mapa parecía bastante más corta. Como ya empezábamos a tener demasiada confianza después de varios días recorriendo los canales y lagos de Frisia con nuestra casa flotante, decidimos probar la segunda opción. Y así descubrimos perfectamente por qué nos habían recomendado la otra ruta.

En algún punto detrás de una pequeña isla terminamos metiéndonos completamente sobre un enorme banco de arena y el barco quedó encallado. Fue probablemente el momento más tenso de todo el viaje. Estuvimos casi una hora intentando salir e incluso llegamos a llamar a la marina para pedir ayuda porque pensábamos que no conseguiríamos desencallar el barco nosotros solos.

Pero cuando nos dijeron que la ayuda ya venía de camino y conseguimos relajarnos un poco, cogimos el bichero que suelen llevar este tipo de embarcaciones y, empujando ligeramente el fondo con el palo mientras manteníamos el motor en marcha, conseguimos desencallarlo prácticamente al instante.

Después de casi una hora de nervios, terminamos saliendo de la forma más simple imaginable. Y por lo visto debimos disimular bastante bien todo el estrés porque nuestros hijos prácticamente ni se enteraron del problema.

De hecho, cuando finalmente llegamos a la marina de Langweer y contamos lo que nos había pasado, nos dijeron que ya conocían perfectamente aquel banco de arena y que estaban precisamente a punto de salir a buscarnos. Por suerte conseguimos salir solos y no hizo falta ayuda. El amarre aquella noche nos costó unos 18 €.

Si estáis pensando en hacer una ruta parecida a la nuestra en un barco sin licencia por Frisia, probablemente el consejo más importante que podemos daros es que, aunque después de varios días navegando sintáis que ya controláis bastante la embarcación, antes de cambiar de ruta o tomar atajos preguntéis siempre a la gente local o en la marina. Por lo visto, todo el mundo conocía perfectamente el banco de arena donde terminamos encallando.

La navegación hasta Langweer resultó bastante bonita porque el recorrido volvía a alternar zonas abiertas de agua con pequeños canales interiores y pasos estrechos rodeados de vegetación. Después de varios días navegando por Frisia empiezas además a reconocer perfectamente cómo cambia constantemente el paisaje: a veces atraviesas enormes lagos llenos de veleros y otras veces vuelves a meterte en pequeños canales rodeados completamente de naturaleza.

Una vez amarrados en Langweer, el ambiente volvió a ser muchísimo más tranquilo. Aunque es un pueblo bastante pequeño, tiene bastante vida durante el verano gracias a toda la actividad náutica de los lagos frisones. Gran parte del pueblo gira alrededor del agua, los embarcaderos, las terrazas y los pequeños veleros entrando y saliendo constantemente del canal principal.

Una de las cosas que más nos gustó fue precisamente pasear sin rumbo por su calle principal, llena de árboles enormes, pequeños restaurantes, terrazas y tiendas alrededor del agua. No es un lugar de grandes monumentos ni visitas imprescindibles, pero sí uno de esos pueblos donde apetece simplemente parar, bajar el ritmo y disfrutar del ambiente.

También nos gustó muchísimo la pequeña playa junto al lago, con arena, zonas verdes y columpios, perfecta para descansar un rato después de la navegación mientras los niños jugaban tranquilamente.

Muy cerca del pueblo también se encuentra el molino tradicional de Langweer, otro de esos molinos frisones que aparecen constantemente durante toda la ruta y que terminan formando parte completamente del paisaje de esta zona de los Países Bajos. Eso sí, este en concreto era privado y no se podía visitar.

Como ocurre en prácticamente todos los pueblos de esta zona, gran parte de la vida gira completamente alrededor del agua. Durante el verano los barcos entran y salen continuamente de los pequeños embarcaderos y toda la navegación forma parte totalmente del ambiente cotidiano del pueblo.

Día 11: Langweer – Joure

Después de desayunar en nuestra casa flotante y disfrutar una vez más de la tranquilidad de Langweer, emprendimos rumbo hacia Joure, una etapa bastante más corta y relajada que la del día anterior. Tras el susto del banco de arena, aquel día navegábamos ya bastante más atentos a la carta náutica y preferimos no volver a improvisar rutas alternativas.

La navegación entre ambos pueblos discurría nuevamente por algunos de los canales más típicos de Frisia, rodeados de praderas completamente verdes, pequeñas casas junto al agua, embarcaderos privados y muchísimos veleros amarrados. Después de tantos días navegando por esta región, una de las cosas que más nos seguía sorprendiendo era cómo prácticamente toda la vida aquí parece girar alrededor del agua. Incluso en pueblos relativamente pequeños siempre había marinas, pequeños puentes, zonas de atraque y gente moviéndose constantemente en barco o en bicicleta.

Para llegar hasta Joure tardamos aproximadamente una hora. Durante el recorrido pasamos además por la esclusa de Joure, aunque realmente casi siempre permanece abierta y únicamente la cierran cuando hay mucha lluvia o cambios importantes en el nivel del agua, así que el paso fue rapidísimo y muchísimo más sencillo de lo que imaginábamos antes de empezar este viaje.

Al llegar a Joure, decidimos no entrar directamente en la marina y atracamos gratis junto a uno de los laterales del canal, algo bastante habitual en muchos pueblos de Frisia. Allí sí había posibilidad de conectarse a la luz y cargar agua, aunque ambos servicios funcionaban nuevamente con monedas, igual que nos había ocurrido en otros puntos del recorrido.

Comparado con muchos de los pueblos diminutos donde habíamos estado anteriormente, Joure nos pareció bastante más grande y animado. Aun así, seguía manteniendo completamente ese ambiente tranquilo y agradable tan típico de esta zona del norte de los Países Bajos.

Históricamente, Joure fue un importante punto comercial dentro de Frisia gracias precisamente a su ubicación entre canales y vías navegables. De hecho, durante siglos prácticamente todo el transporte y el comercio de la zona se realizaba por agua y el pueblo creció alrededor de esa red de canales interiores.

Además, Joure está muy ligado a una de las marcas más famosas de Países Bajos: aquí nació Douwe Egberts, probablemente la marca de café más conocida del país. La antigua tienda original todavía forma parte hoy del Museo de Joure y sigue siendo uno de los lugares más conocidos del pueblo.

Una de las cosas más agradables de Joure era simplemente pasear por su calle principal, llena de pequeñas tiendas, cafeterías, terrazas y canales, con muchísimo ambiente local y mucho menos turístico que otros lugares de la ruta.

Otra de las cosas que más nos sorprendió de Joure fue encontrarnos también con zonas muchísimo más verdes y ajardinadas que en otros pueblos de la ruta. Durante el paseo terminamos recorriendo parte del parque histórico de Heremastate, lleno de pequeños canales, puentes, sauces llorones y jardines cuidados, con un ambiente muchísimo más tranquilo todavía.

Durante el paseo también nos acercamos a uno de los molinos tradicionales de Joure, otro de esos paisajes típicamente frisones que empiezan a repetirse constantemente a lo largo de toda la ruta y que terminan formando parte completamente del viaje. Rodeado de zonas verdes y pequeños canales, el molino aparecía casi como una postal típica de los Países Bajos.

Como nos había ocurrido en otros pueblos, muchos de estos molinos solo podían visitarse los sábados, siempre que no fuesen privados, como ocurría por ejemplo con el molino de Langweer. Aun así, aunque no entrásemos dentro, simplemente verlos aparecer junto al agua mientras recorríamos Frisia en nuestra casa flotante ya formaba parte totalmente de la experiencia.

Obviamente, los molinos no son solo algo turístico o decorativo. Durante siglos fueron completamente fundamentales para controlar el agua, drenar terrenos y permitir que toda esta región pudiera existir tal y como la vemos hoy.

Aunque hoy Joure es bastante grande para los estándares frisones, tradicionalmente ni siquiera se consideraba oficialmente una ciudad, sino una “vlecke”, una categoría histórica neerlandesa intermedia entre pueblo y ciudad, muy típica de esta región.

Después de tantos días viviendo prácticamente sobre el agua, empezábamos además a notar cómo el ritmo tranquilo de Frisia terminaba contagiándose completamente. Navegar sin prisas, parar donde apetecía, recorrer pequeños pueblos en bicicleta y pasar las tardes junto a los canales empezaba ya a formar parte completamente de nuestra rutina diaria durante aquella aventura en barco sin licencia por Frisia.

Día 12: Joure – Akkrum

Después de desayunar en nuestra casa flotante en Frisia, salimos desde Joure rumbo a Akkrum. Aquella etapa fue bastante tranquila y tardamos aproximadamente una hora y media o algo menos en completarla. La navegación volvió a discurrir entre pequeños canales verdes, tramos rodeados de árboles y varias zonas abiertas de agua donde continuamente iban apareciendo casitas junto al canal, embarcaderos privados y pequeños veleros navegando lentamente.

A esas alturas del viaje ya nos habíamos acostumbrado completamente al ritmo de vida de los canales frisones. Navegar despacio, ir atentos a los puentes, saludar a otros barcos y parar donde apeteciera se había convertido casi en rutina. Precisamente por eso este tipo de etapas más cortas también se disfrutaban muchísimo, porque permitían llegar pronto al siguiente destino y dedicar más tiempo a recorrerlo tranquilamente.

Al llegar a Akkrum amarramos en una marina bastante cómoda donde pagamos unos 20€ con la electricidad incluida (la luz sola costaba unos 5 €). El agua, en cambio, volvía a funcionar con monedas, algo bastante habitual en varias marinas de la zona.

Akkrum nos pareció un pueblo pequeño pero con muchísimo encanto. No tenía el ambiente histórico de algunas de las famosas ciudades frisias que habíamos visitado anteriormente, pero precisamente por eso transmitía una sensación mucho más auténtica y cotidiana. Todo giraba alrededor del agua, de las bicicletas y de la vida tranquila de los canales.

El centro era bastante pequeño y se recorría enseguida caminando, con una calle principal llena de pequeñas tiendas, cafeterías y restaurantes locales. Allí vimos también varias iglesias tradicionales y algunas construcciones típicas holandesas de ladrillo que le daban muchísimo encanto al pueblo. Una de las cosas que más nos llamó la atención fue una tienda donde tenían enormes ruedas de queso expuestas en el escaparate, algo que nos recordó constantemente que seguíamos en los Países Bajos más tradicionales y rurales.

También nos gustó muchísimo la parte más verde del pueblo. Dando un paseo encontramos varios canales rodeados de árboles enormes, pequeños puentes y parques muy cuidados donde todo parecía increíblemente tranquilo. Después de tantos días navegando, empezábamos a entender que gran parte del encanto de Frisia no estaba únicamente en las grandes ciudades históricas, sino precisamente en estos pequeños pueblos donde la vida parece ir muchísimo más despacio.

Como en casi todos los pueblos de la zona, también aquí seguían apareciendo molinos tradicionales, embarcaderos llenos de barquitos y muchísimas bicicletas aparcadas junto al agua. A esas alturas ya sentíamos que navegar por Frisia en un barco sin licencia era muchísimo más que simplemente mover la embarcación de un sitio a otro: era una forma completamente distinta de viajar, muchísimo más lenta, tranquila y conectada con el paisaje.

Día 13: Akkrum – Princenhof / Earnewâld

Después de desayunar en nuestra casa flotante, salimos desde Akkrum rumbo a una de las etapas más diferentes y especiales de toda la ruta: la navegación hacia la reserva natural de Princenhof, dentro del parque natural de De Alde Feanen, donde se encuentra el pequeño pueblo de Earnewâld.

Aquella jornada la navegación volvió a cambiar bastante respecto a días anteriores. Poco a poco fuimos dejando atrás algunos de los pueblos más urbanos y entrando en una zona muchísimo más natural, con canales estrechos rodeados de vegetación, grandes carrizales, pequeñas islas y muchísimos tramos donde prácticamente solo se escuchaban pájaros y el sonido del agua.

Durante el trayecto volvimos además a atravesar otro de aquellos grandes viaductos tan típicos de esta parte de los Países Bajos, donde las carreteras pasan por encima de los canales permitiendo que los barcos continúen navegando por debajo. Después de tantos días recorriendo Frisia, nos seguía sorprendiendo muchísimo cómo toda la infraestructura del país parece estar pensada constantemente alrededor del agua y de la navegación.

A medida que nos acercábamos a Earnewâld, el paisaje se volvía todavía más tranquilo y salvaje. Esta zona forma parte del parque nacional de De Alde Feanen, una enorme reserva natural conocida por sus lagos, humedales, canales y aves acuáticas. De hecho, es una de las zonas de navegación recreativa más famosas de toda Frisia precisamente porque aquí el viaje deja de centrarse tanto en pueblos históricos y pasa a ser muchísimo más una experiencia de naturaleza y navegación lenta.

Finalmente amarramos en una zona pública justo enfrente de un pequeño parque infantil, algo que nos vino genial viajando con niños porque podíamos vigilarlos perfectamente desde el propio barco mientras jugaban tranquilamente.

Además, una de las cosas que más nos llamó la atención de Earnewâld fue ver cómo muchísimas casas estaban construidas directamente junto al agua y tenían su propio embarcadero privado. En algunos casos literalmente parecía que el barco formaba parte de la propia vivienda, con pequeñas lanchas aparcadas delante del jardín igual que en otros sitios aparcas un coche.

Comparado con otros pueblos más históricos de la ruta, Earnewâld era muchísimo más pequeño y tranquilo, pero precisamente por eso terminó siendo una de las paradas más relajantes de todo el viaje. Allí el ritmo parecía todavía más lento, con muchísima naturaleza alrededor, pequeños canales llenos de vegetación y un ambiente muy distinto al de las ciudades históricas que habíamos recorrido durante los días anteriores.

Después de casi dos semanas viviendo en nuestra casa flotante, empezábamos sentíamos que navegar por Frisia se había convertido completamente en nuestra rutina diaria. Los puentes, los canales, los amarres, los molinos y los pequeños pueblos junto al agua ya formaban parte natural del viaje, y aquella última gran parada antes de regresar a la marina terminó siendo una forma perfecta de despedirnos de la experiencia.

Día 14: regreso a Draften

La última mañana del viaje nos levantamos bastante más temprano de lo habitual porque aquel día tocaba devolver nuestra casa flotante en la Marina De Drait. Ya habíamos aprendido perfectamente que los horarios de los puentes podían condicionarlo absolutamente todo, así que para asegurarnos de que no tendríamos ningún problema para llegar a tiempo estuvimos preguntando el día anterior varias veces por el horario del puente que necesitábamos atravesar para regresar a la marina.

Al final realmente nunca llegamos a enterarnos exactamente de cuál era el horario oficial de apertura, pero sí nos confirmaron que podríamos pasar sin problema alrededor de las 08:00h de la mañana.

Ahora, después de haber vuelto a navegar más veces por los Países Bajos y entender mucho mejor cómo funcionan allí los puentes, estamos casi convencidos de que en alguna de aquellas llamadas que un amable navegante hizo por nosotros para averiguar el horario, seguramente dejó ya solicitada una apertura especial para esa hora. Y gracias a eso pudimos pasar sin ningún problema.

Aquella última navegación tuvo además algo bastante especial porque volvimos a recorrer parte del trayecto del primer día, aunque esta vez la sensación era completamente distinta. Ya no quedaba absolutamente nada de aquel nerviosismo inicial con el que habíamos empezado el viaje. Dos semanas después manejábamos el barco con muchísima más naturalidad, entendíamos perfectamente cómo funcionaban los puentes, los amarres y los canales, y podíamos simplemente relajarnos y disfrutar del paisaje.

De hecho, recuerdo perfectamente pensar durante aquella última etapa que el primer día casi ni respirábamos navegando, mientras que ahora avanzábamos por los canales de Frisia prácticamente como auténticos navegantes experimentados.

Cuando finalmente llegamos a la Marina De Drait, buscamos nuestro amarre, atracamos ya casi como auténticos expertos y abandonamos la que había sido nuestra casa durante tantos días, no sin cierta pena. Aunque en realidad el viaje todavía no terminaba allí. Después de devolver el barco todavía nos esperaba otra etapa muy emocionante: Ámsterdam.

Era la primera vez que íbamos a visitar la ciudad en familia. Y resulta bastante curioso pensarlo ahora porque, entre escalas de avión y otros viajes posteriores por los Países Bajos, hoy nuestros hijos probablemente conocen mejor Ámsterdam que Madrid, la ciudad donde vivimos.

Aquel viaje terminó convirtiéndose en una de las experiencias más especiales que hemos vivido en familia. Muchísimo más tranquila, más divertida y más diferente de lo que imaginábamos antes de empezar. Porque navegar en un barco sin licencia por Países Bajos, no consiste solo en ir de un pueblo a otro. Lo realmente especial es el ritmo del viaje, la sensación de libertad, la vida alrededor del agua y esa manera tan distinta de viajar despacio, canal a canal.

👉 Si te están pensando en vivir una experiencia parecida a la nuestra, aquí puedes consultar las opciones disponibles para alquilar un barco sin licencia o una casa flotante en Frisia y empezar a planificar tu propia ruta por los canales de Países Bajos

Por otro lado, si tienes cualquier duda o consulta sobre esta forma de viajar y quieres hacernos alguna pregunta, no dudes en contactarnos a través del formulario de contacto que dejamos más abajo

👉 Si te gustan los viajes diferentes y las experiencias que se salen de lo habitual, también puede interesarte nuestro artículo sobre cómo organizar un safari en Kenia, una de las aventuras más especiales que hemos vivido en familia y que, al igual que este viaje en casa flotante, sigue sorprendiéndonos por lo poco conocida que resulta para mucha gente.


Preguntas frecuentes sobre alquilar un barco sin licencia en Países Bajos


¿Se puede alquilar un barco sin licencia en Países Bajos?
Sí, en Países Bajos es posible alquilar un barco sin licencia para recorrer canales y lagos por tu cuenta. Este tipo de embarcaciones están pensadas para navegación fluvial tranquila y suelen ser muy populares entre viajeros sin experiencia previa.

¿Hace falta experiencia previa para conducir un barco sin licencia?
No. Los barcos sin licencia están diseñados precisamente para principiantes. Antes de salir, la empresa de alquiler suele explicar cómo manejar la embarcación, cómo amarrar, cómo navegar de forma segura y qué aspectos básicos debes tener en cuenta durante la ruta.

¿Qué es exactamente un barco sin licencia?
Un barco sin licencia es una embarcación que puedes conducir sin necesidad de tener título náutico. En muchos casos funciona como una pequeña casa flotante, con cocina, camas, baño y espacio para vivir a bordo durante varios días mientras te desplazas lentamente de un pueblo a otro por canales, ríos o lagos.

¿Es lo mismo un barco sin licencia que una casa flotante?
No siempre, aunque en este tipo de viajes muchas veces se utilizan casi como sinónimos. Una casa flotante suele hacer referencia a una embarcación preparada para dormir, cocinar y vivir a bordo, mientras que barco sin licencia se refiere a que puedes conducirla tú mismo sin título náutico. En la práctica, muchas de las embarcaciones que se alquilan para rutas fluviales en Países Bajos son barcos sin licencia que funcionan como auténticas casas flotantes.

¿Es difícil manejar un barco sin licencia?
Mucho menos de lo que parece antes de probarlo. La navegación fluvial no tiene nada que ver con navegar en mar abierto: se avanza despacio, las rutas suelen estar preparadas para principiantes y normalmente no hay grandes olas ni corrientes fuertes. Aun así, al principio impone un poco, sobre todo al amarrar o pasar cerca de otros barcos, pero después de los primeros días todo empieza a resultar mucho más natural.

¿Cuál es el mejor lugar para alquilar un barco sin licencia en Países Bajos por primera vez?
Para una primera experiencia, Frisia nos parece una de las mejores zonas de Países Bajos para alquilar un barco sin licencia. Tiene una enorme red de canales, lagos, pueblos históricos y rutas tranquilas, además de itinerarios relativamente sencillos que permiten disfrutar mucho del viaje sin complicarse demasiado con la navegación.

¿Se puede hacer una ruta en barco sin licencia sin pasar esclusas?
Sí, en Frisia es posible organizar rutas sencillas evitando esclusas complicadas. Para nosotros fue uno de los motivos principales para elegir esta zona en nuestro primer viaje, ya que las esclusas eran precisamente una de las cosas que más respeto nos daban antes de empezar.

¿Es recomendable alquilar una casa flotante con niños?
Sí, nos parece una experiencia fantástica para hacer con niños. Viajas despacio, tienes siempre tu propio espacio, puedes cocinar a bordo y cada día descubres un lugar nuevo sin tener que hacer y deshacer maletas constantemente. Además, los niños suelen vivirlo como una auténtica aventura: ayudan con las amarras, miran el mapa, saludan a otros barcos y participan muchísimo más que en otros tipos de viaje.

¿Qué hay que mirar antes de alquilar un barco sin licencia?
Antes de reservar conviene fijarse en el tamaño del barco, el número de camarotes, la distribución interior, si tiene hélice de proa, desde qué marina sale, qué ruta recomienda la empresa y si es adecuada para principiantes. Para una primera vez, nosotros evitaríamos barcos demasiado grandes y elegiríamos una embarcación cómoda, manejable y fácil de maniobrar.

¿Qué diferencia hay entre alquiler de barco sin licencia y alquiler de barco sin patrón?
En la práctica, muchas personas utilizan ambas expresiones para buscar una experiencia parecida: alquilar una embarcación que puedas llevar tú mismo, sin contratar capitán. La diferencia es que “barco sin licencia” hace referencia a que no necesitas título náutico, mientras que “barco sin patrón” indica que no viaja un capitán profesional a bordo y eres tú quien conduce la embarcación.

¿Dónde se puede alquilar una casa flotante en Europa?
Además de Países Bajos, este tipo de turismo fluvial es muy popular en Francia, Bélgica, Alemania, Reino Unido e Irlanda. Todos estos países cuentan con redes de canales, ríos y lagos preparados para viajar en barco sin licencia o casa flotante, aunque para una primera experiencia nosotros seguimos pensando que Frisia es una opción especialmente cómoda y sencilla.

¿Merece la pena alquilar un barco sin licencia en Países Bajos?
Sí, muchísimo. Para nosotros fue una de las formas más originales, tranquilas y especiales de descubrir Países Bajos. No se trata solo de dormir en una casa flotante o de conducir un barco por primera vez, sino de viajar a otro ritmo, avanzar lentamente entre canales, amarrar en pequeños pueblos y disfrutar del camino tanto como del destino.


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