Safari en África con niños: ¿Kenia, Tanzania o Sudáfrica?

Si estás pensando en hacer un safari en África con niños, probablemente una de las primeras dudas sea si realmente es un viaje adecuado para ellos y, sobre todo, cuál es la mejor edad para hacerlo. Después aparecen muchas otras preguntas: ¿aguantarán tantas horas de safari?, ¿qué ocurre si se ponen enfermos?, ¿es mejor Kenia, Tanzania o Sudáfrica?, ¿dónde resulta más cómodo viajar a África con niños?

Como ya sabéis, en Mis Viajes Familiares estamos especializados en viajes familiares y llevamos muchos años organizando safaris, especialmente en Kenia. Además, nosotros mismos empezamos a viajar de safari con nuestros hijos cuando eran muy pequeños. Nuestro primer gran safari en familia fue por Kenia y Tanzania cuando tenían dos y seis años, así que muchas de las dudas que ahora nos plantean otras familias también nos las hicimos nosotros antes de viajar.

Si ya tenéis bastante claro el destino y estáis pensando en hacer un safari en Kenia, en nuestra guía sobre safari en Kenia con niños encontraréis mucha más información específica. Y si todavía estáis valorando cómo organizar el viaje, también hemos contado nuestra experiencia sobre viajar a Kenia por libre y por qué no funciona exactamente igual que hacerlo en otros destinos africanos. En Sudáfrica, por ejemplo, nosotros sí organizamos gran parte del viaje por nuestra cuenta y podéis verlo en nuestra ruta sobre qué ver en Sudáfrica por libre.

Aquí quiero centrarme en otra cuestión: qué cambia realmente cuando hacemos un safari en África con niños y qué diferencias encontramos entre Kenia, Tanzania y Sudáfrica después de haber viajado por los tres con nuestros hijos. Porque elegir un destino para hacer un safari en familia no depende únicamente de dónde podamos ver más animales.

Y si me preguntáis si merece la pena viajar a África con niños para hacer un safari, mi respuesta es que sí. Pocas cosas gustan más a un niño que ver animales en libertad y, además, durante el safari pasan gran parte del tiempo en el vehículo pendientes de qué aparece a su alrededor, por lo que no es una actividad especialmente cansada para ellos. Otra cosa son los desplazamientos entre parques, los alojamientos, la organización del viaje o qué ocurre si se ponen enfermos. Y precisamente ahí es donde un safari bien organizado para una familia empieza a marcar la diferencia.

Niños viendo hipopótamos durante un safari familiar en África

¿Cuál es la mejor edad para hacer un safari en África con niños?

Esta es probablemente una de las preguntas que más nos hacen. Muchas familias me dicen que prefieren esperar hasta que sus hijos tengan diez o doce años y es verdad que viajar con niños mayores tiene ventajas importantes: soportan mejor los desplazamientos largos, son más independientes, entienden mejor lo que están viendo y probablemente conservarán muchos más recuerdos del viaje.

Aun así, yo no estoy de acuerdo con que haya que esperar necesariamente hasta esa edad. Nosotros hicimos nuestro primer safari con niños en África cuando nuestros hijos tenían dos y seis años y lo disfrutaron muchísimo. Evidentemente tuvimos que adaptar algunas cosas a su edad, pero nunca sentimos que hubiéramos cometido un error por viajar demasiado pronto. De hecho, creo que viajar de safari con niños pequeños también tiene ventajas que muchas veces pasamos por alto.

Una de ellas es el precio. Después de muchos años organizando safaris familiares sabemos hasta qué punto la edad de los niños puede cambiar el presupuesto de una familia. Los niños menores de tres años pueden viajar gratis en muchos de los servicios que utilizamos y esto, para nosotros, fue determinante en aquel primer safari. Antes de los cinco años las reducciones continúan siendo especialmente interesantes y, entre los cinco y los once, seguimos encontrando descuentos importantes. A partir de los doce años muchos servicios empiezan a aplicar tarifas de adulto, aunque todavía podemos encontrar reducciones que incorporamos al precio cuando están disponibles.

Además, cuando son muy pequeños algunos alojamientos permiten que compartan cama con sus padres, lo que supone otro ahorro importante. Las condiciones exactas dependen siempre del parque, del alojamiento y de los servicios incluidos, pero cuando elaboramos un presupuesto familiar revisamos todas estas posibilidades. No cuesta lo mismo hacer un safari con dos niños pequeños que repetirlo cuando ya son adolescentes, algo que nosotros mismos hemos podido comprobar ahora que nuestros hijos son mayores.

Esto se nota especialmente en un viaje familiar porque normalmente el coste de todo el viaje recae en una o dos personas. No es lo mismo organizar un viaje entre cuatro adultos que trabajan y pagan individualmente su parte que pagar vuelos, safari y alojamiento para toda una familia.

Por eso sabemos que muchas familias necesitan controlar especialmente el presupuesto e intentamos estirarlo todo lo posible. Y aquí muchas veces no se trata simplemente de elegir alojamientos más baratos. Una reducción infantil, una habitación familiar que evita tener que reservar dos habitaciones o cambiar un alojamiento por otro de precio parecido pero con mejores condiciones para los niños puede modificar bastante el precio final. Por eso, cuando preparamos un safari familiar, intentamos ajustar todas esas piezas antes de empezar simplemente a recortar servicios.

Niños haciendo un safari en África con elefantes al fonto

¿Se puede hacer un safari en África con un bebé?

Sí. Nosotros organizamos safaris en Kenia y Tanzania para familias que viajan incluso con bebés. Algunas agencias prefieren no organizar safaris con niños muy pequeños y determinados alojamientos o actividades pueden establecer sus propias restricciones, pero no existe una edad a partir de la cual nosotros decidamos que un niño ya puede hacer un safari.

Y entiendo que haya empresas que prefieran no trabajar con determinadas edades. Organizar viajes con niños requiere prestar atención a cosas que probablemente no son tan importantes cuando todos los viajeros son adultos. No basta con añadir un niño a una reserva y organizar exactamente el mismo viaje. Hay que valorar las distancias, los horarios, el vehículo, los alojamientos, el espacio que tendrá la familia y el ritmo del recorrido.

En nuestro caso ocurre precisamente lo contrario. Aunque no organizamos exclusivamente safaris para familias, estamos especializados en viajes familiares y un porcentaje muy importante de nuestros clientes viaja con niños, desde bebés hasta adolescentes. Por eso tanto nosotros como nuestros guías estamos muy acostumbrados a las necesidades que pueden surgir cuando hacemos un safari con ellos.

Personalmente creo que, con la información adecuada, viajar con un bebé es una decisión que deben tomar los padres. Nosotros viajamos con nuestro hijo cuando tenía dos años y nos fue muy bien. Eso no significa que organizaría exactamente el mismo safari para una pareja que para una familia con un bebé. El itinerario debe adaptarse a la edad de los niños, seleccionando bien los alojamientos, evitando desplazamientos innecesarios y dejando margen para descansar cuando lo necesiten.

Niños felices con hipopótamos al fondo durante safari en África

¿Hay una edad mínima para hacer un safari en África?

Una cosa que me parece importante aclarar es que los parques y reservas con los que trabajamos habitualmente en Kenia no establecen una edad mínima general para hacer un safari convencional. Los visitan familias con niños de todas las edades y las propias tarifas contemplan expresamente a los niños como visitantes.

En España todavía nos sorprende bastante la idea de viajar a Kenia con niños cuando son bebés o tienen dos o tres años. Sin embargo, cuando empiezas a viajar por África ves familias de otras nacionalidades que lo hacen con absoluta normalidad desde que sus hijos son muy pequeños. Quizá porque tienen más interiorizado este tipo de viaje o, simplemente, porque no parten de la idea de que un safari sea necesariamente una experiencia reservada a niños mayores.

Por eso conviene distinguir entre las normas del parque y las condiciones que establece cada empresa. Hay operadores que deciden no trabajar con bebés o con niños por debajo de determinada edad, y es perfectamente comprensible. Como decía antes, trabajar habitualmente con familias exige adaptar muchas cosas y no todas las empresas quieren hacerlo. También puede haber alojamientos o actividades concretas que establezcan sus propias condiciones.

Pero eso no significa que un niño pequeño no pueda hacer un safari en Masai Mara, Amboseli o Nakuru, algunos de los parques y reservas con los que trabajamos habitualmente. De hecho, las tarifas infantiles y las gratuidades o reducciones que encontramos a determinadas edades son precisamente una de las ventajas económicas de hacer el viaje cuando los niños todavía son pequeños.

En nuestro caso no establecemos una edad mínima general porque estamos acostumbrados a organizar safaris con niños de edades muy diferentes, incluidos bebés. Lo que hacemos es estudiar cada familia, comprobar los alojamientos y actividades adecuados para la edad de sus hijos y diseñar el recorrido teniendo en cuenta sus necesidades.

Puede haber alguna actividad específica que sí tenga una edad mínima y, si queremos incluirla, la comprobamos antes de preparar el programa. Pero eso es muy diferente a decir que para hacer un safari en Kenia hay que esperar a que los niños tengan cinco, seis u ocho años.

Haciendo picnic en África durante nuestro safari en familia

Asistencia médica durante un safari con niños

Una de las dudas que podemos tener antes de hacer un safari en África con niños es qué ocurre si alguno se pone enfermo durante el viaje. A nosotros también nos preocupa cuando viajamos con nuestros hijos, aunque la realidad es que la mayoría de las veces que necesitamos consultar a un médico durante un viaje no estamos ante una urgencia ni necesitamos acudir a un hospital.

Un niño puede tener fiebre, dolor de garganta, molestias digestivas o simplemente encontrarse mal y nosotros no saber si debemos preocuparnos, si podemos darle algún medicamento o si es necesario que lo vea un médico. En esas situaciones, lo que necesitamos muchas veces es poder consultar con un profesional y evitar automedicarle sin saber exactamente qué tiene.

Precisamente por eso nosotros siempre viajamos asegurados con Heymondo. Una de las cosas que más valoro cuando viajo con mis hijos es disponer de asistencia médica las 24 horas desde cualquier lugar. Podemos explicar lo que le ocurre al niño y consultar con un médico para que valore la situación, nos indique qué podemos hacer y nos diga si es necesario acudir a un centro médico.

Durante un safari esto nos da mucha tranquilidad porque podemos encontrarnos lejos de una ciudad y no tendría sentido desplazarnos varias horas cada vez que uno de nuestros hijos se encuentra mal. La mayoría de las consultas médicas que podemos necesitar durante un viaje pueden resolverse sin acudir a un hospital y, si el médico considera que necesita atención presencial, ya sabemos que debemos buscarla.

Si vais a viajar en familia, podéis contratar aquí el seguro de viaje Heymondo que utilizamos nosotros. Por ser lectores de Mis Viajes Familiares, tenéis un 5 % de descuento reservándolo a través de nuestro enlace. Además, Heymondo ofrece un 15 % de descuento adicional para familias, así que no olvidéis marcar la casilla que indica que viajáis en familia al calcular vuestro seguro para beneficiaros también de esta reducción.

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Y después está la situación mucho menos habitual: que realmente se produzca una urgencia médica. En ese caso sí necesitamos saber qué posibilidades de asistencia existen en cada destino y, sobre todo, qué ocurre si nos encontramos dentro de un parque lejos de una ciudad.

De los tres países, Sudáfrica es el que cuenta con una infraestructura sanitaria más desarrollada, especialmente en el sector privado. Esto no quiere decir que mientras recorremos Kruger tengamos un hospital al lado (el parque es enorme), pero si para una familia con un bebé o con niños pequeños el acceso a una buena asistencia médica pesa especialmente en la decisión, Sudáfrica parte con ventaja.

En Kenia encontramos buenos hospitales privados principalmente en Nairobi, mientras que algunos parques se encuentran bastante alejados de la capital. Amboseli está aproximadamente a cuatro horas y media o cinco horas de Nairobi por carretera, aunque existen centros médicos más próximos en localidades como Loitokitok y Kimana. En Masai Mara, una de las referencias hospitalarias por carretera es Narok y, desde determinadas zonas de la reserva, podemos estar hablando de unas dos horas, aunque el tiempo varía mucho según dónde nos encontremos, las pistas y las condiciones del día.

En Tanzania ocurre algo parecido cuando entramos en el Serengueti. En la zona central existe asistencia básica en Seronera, mientras que una de las referencias para disponer de una infraestructura médica más completa es FAME Medical, en Karatu, cerca de Ngorongoro. Desde la zona central del Serengueti podemos estar hablando de aproximadamente cuatro horas por carretera, aunque nuevamente dependerá del punto exacto en el que nos encontremos y del estado de las pistas.

Precisamente para esas situaciones excepcionales, en los safaris que organizamos tanto en Kenia como en Tanzania incluimos evacuación médica aérea para emergencias en zonas remotas. Es una cobertura que esperamos no tener que utilizar nunca, pero si se produjera una urgencia grave no tendríamos que plantearnos únicamente un traslado de varias horas por carretera.

Mi hijo haciendo safari en África con elefantes de fondo

¿Kenia, Tanzania o Sudáfrica para hacer un safari con niños?

Elegir entre estos tres países cambia bastante cuando viajamos con niños. Aquí no voy a volver a comparar cuál tiene más fauna, dónde encontramos los paisajes más espectaculares o dónde podemos ver la Gran Migración, porque todo eso lo analizamos con mucho más detalle en Mejor safari en África: Kenia, Tanzania o Sudáfrica.

Aquí quiero centrarme exclusivamente en lo que cambia cuando hacemos ese mismo safari en familia: las edades de los niños, las horas dentro del vehículo, quién conduce, el espacio disponible, los alojamientos familiares, las distancias, el presupuesto y la flexibilidad que tendremos durante el safari.

La comodidad durante el safari cuando viajamos con niños

En Sudáfrica, una de las grandes ventajas de Kruger es poder recorrer el parque con nuestro propio coche y a nosotros nos encantó hacerlo. Con niños, sin embargo, significa asumir dos papeles al mismo tiempo. Eres tú quien conduce y busca los animales, pero sigues siendo también el padre o la madre que se ocupa de todo lo que sucede dentro del coche.

Y entonces aparece un buen avistamiento. Hay un montón de coches intentando colocarse para ver al animal, tú buscas un hueco mientras intentas no bloquear a nadie y, justo en ese momento, empiezas a escuchar desde detrás que uno no ve, que el otro se ha puesto delante o que ahora le toca a él. Esto nos ha pasado y forma parte también de la realidad de hacer un safari por libre en familia. No hace que la experiencia sea peor (nosotros disfrutamos muchísimo Kruger), pero eres padre o madre al mismo tiempo que conductor y responsable de la logística.

En Kenia y Tanzania, los safaris que organizamos se realizan con conductor-guía y en vehículos de safari amplios, habitualmente de hasta ocho plazas, y esto cuando viajas con niños se nota muchísimo. Mientras el guía conduce, busca animales, interpreta lo que está ocurriendo y se ocupa del recorrido, tú puedes dedicarte a hacer fotografías, responder a tus hijos o simplemente disfrutar con ellos. Además, disponer de espacio suficiente evita muchas de esas discusiones sobre quién mira primero por la ventanilla.

Naturalmente, en Sudáfrica también podemos contratar actividades guiadas en Kruger o alojarnos en reservas privadas donde los safaris se realizan con guía. Pero entonces el planteamiento y el presupuesto cambian respecto al viaje por libre que hace de Sudáfrica una alternativa tan interesante para muchas familias.

La importancia de un guía acostumbrado a viajar con niños

Para nosotros este es otro punto fundamental. Un buen guía cuando viajamos con niños no se limita a conducir y encontrar animales. Tiene que saber también cómo involucrarlos en la experiencia.

Nuestros guías están muy acostumbrados a trabajar con familias porque una parte importante de nuestros clientes viaja con niños. Saben cómo despertar su curiosidad, hacerles participar en la búsqueda de animales, enseñarles a fijarse en unas huellas o explicarles determinados comportamientos de una manera que puedan entender.

Y los niños preguntan. Muchísimo. Nosotros lo sabemos bien porque hemos vivido nuestros propios safaris con ellos desde que eran muy pequeños. Un guía acostumbrado a viajar con familias entiende que las preguntas de un niño no son las mismas que las de un adulto y que conseguir que participe puede cambiar completamente la forma en la que vive el safari.

Además, al viajar en un vehículo privado no tenemos que preocuparnos porque nuestros hijos estén hablando, hagan veinte preguntas seguidas o necesiten parar. El guía puede adaptar las explicaciones y el ritmo a nuestra familia.

No se trata simplemente de permitir que los niños viajen. Se trata de preparar el safari sabiendo desde el principio que forman parte del viaje. Y esto es algo que nosotros valoramos especialmente en Kenia, porque la diferencia entre contratar simplemente un vehículo con conductor y organizar un safari realmente pensado para una familia se nota en muchísimos pequeños detalles durante el viaje.

¿Estáis pensando en hacer un safari en África con vuestros hijos? Si queréis hacer un safari en familia pero todavía no sabéis qué recorrido puede encajar mejor con vosotros, podemos preparar un safari privado en Kenia o Tanzania adaptado a vuestra familia, teniendo en cuenta las edades de los niños, los días disponibles y vuestro presupuesto.

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Niños en vehículo de safari durante nuestro viaje a África

¿Tenemos que hacer safaris más cortos porque viajamos con niños?

También encontraréis recomendaciones de hacer jornadas de safari necesariamente más cortas cuando viajamos con niños. Nosotros no establecemos de antemano cuánto tiempo puede aguantar un niño dentro del vehículo porque, después de muchos años trabajando con familias, tenemos bastante claro que cada familia es diferente.

Lo que sí cobra mucha más importancia cuando hacemos un safari con niños es diseñar bien el itinerario. No es lo mismo pasar varias horas dentro del vehículo haciendo safari, parando constantemente porque hemos encontrado animales, que pasar esas mismas horas simplemente desplazándonos de un parque a otro. Por eso intentamos evitar recorridos que obliguen a encadenar demasiadas jornadas largas de carretera y preferimos permanecer varias noches en determinados parques cuando el número de días lo permite.

Una vez estamos de safari, la situación es diferente. Hay familias que prefieren regresar antes al alojamiento y aprovechar las últimas horas de sol en la piscina. Otras están disfrutando tanto que quieren alargar el safari todo lo posible. Las dos opciones son perfectamente válidas.

Nosotros adaptamos previamente el recorrido a las edades y necesidades de la familia, pero las horas de safari las decidís vosotros sobre la marcha. Al viajar en privado no tenemos que regresar porque lo haya decidido otro viajero ni permanecer fuera más tiempo del que nuestros hijos están disfrutando.

Para mí, esa es una de las grandes ventajas de un safari privado con niños: lo importante es planificar bien antes del viaje aquello que después no podremos cambiar fácilmente (las distancias, los parques y las noches en cada alojamiento). En cambio, no necesitamos decidir desde España a qué hora se van a cansar nuestros hijos una tarde concreta dentro de varios meses. Eso podemos decidirlo allí, cada día, según cómo esté disfrutando la familia.

Familia haciendo safari en África

¿Se aburren los niños durante un safari?

Esta era una de las dudas que nosotros mismos teníamos antes de viajar por primera vez. Desde fuera puedes imaginar a un niño pequeño encerrado durante horas en un vehículo y pensar que a la segunda hora estará desesperado por bajarse. Nuestra experiencia fue bastante diferente.

Para empezar, no es lo mismo pasar varias horas haciendo safari que pasar varias horas desplazándonos por carretera. Durante un traslado los niños van sentados y con el cinturón puesto esperando a llegar al destino. En un safari viajan en un vehículo amplio, pueden moverse con mucha más libertad y, cuando nos detenemos para observar a los animales, pueden incluso ponerse de pie para mirar mejor.

Además, buscar animales consigue mantenerlos pendientes de lo que ocurre alrededor durante muchísimo tiempo. Nunca sabes qué vas a encontrar detrás de la siguiente curva y esa incertidumbre convierte el safari casi en un juego. Pueden participar buscando animales, utilizar los prismáticos, preguntar al guía o intentar ser los primeros en descubrir qué se esconde entre los árboles.

Cuando son pequeños tampoco necesitan comprender todo lo que está sucediendo para disfrutarlo. En aquel primer safari nuestro hijo pequeño tenía dos años y estaba empeñado en saber cómo bailaban todos los animales que íbamos encontrando. Ahora, siendo mayores, entienden muchísimo más, hacen otro tipo de preguntas y viven cada avistamiento de una forma completamente diferente, pero no puedo decir que disfrutáramos más ahora que entonces.

Eso no significa que no vaya a haber momentos críticos. Los niños se cansan, tienen hambre, discuten y puede llegar un momento en el que el enésimo grupo de antílopes deje de resultarles interesante. Viajar con niños sigue siendo viajar con niños, también en mitad de Masai Mara o del Serengueti.

Pero después de nuestra propia experiencia y de muchos años organizando safaris para otras familias, creo que un safari es uno de los viajes más sencillos que podemos hacer en familia y uno de los que más probabilidades tiene de gustar a todos. Los animales consiguen algo que no siempre es fácil cuando viajamos con niños de edades diferentes: que durante buena parte del día todos estemos interesados en exactamente lo mismo.


¿Y si hacemos el safari con adolescentes?

Cuando hablamos de safari en África con niños parece que todas las dudas se concentran en los más pequeños: si aguantarán el coche, si se cansarán o si son demasiado pequeños para disfrutar del viaje. Sin embargo, nosotros ahora tenemos también la experiencia de viajar de safari con nuestros hijos siendo mayores y la forma de vivirlo cambia, pero no pierde absolutamente nada de emoción.

De hecho, es bastante difícil que un safari no consiga alucinar también a un adolescente. Una de las cosas que nos cuentan con bastante frecuencia las familias cuando regresan es que ha sido uno de los mejores viajes que han hecho juntos (y en muchos casos directamente el mejor). Creo que parte de la explicación es muy sencilla: pocas experiencias consiguen que coincidan tan fácilmente los intereses de toda la familia.

Cuando son pequeños podemos conseguir que participen buscando animales o intentando ser los primeros en descubrir una jirafa entre los árboles. Cuando crecen hacen básicamente lo mismo, pero de otra manera. Pueden utilizar los prismáticos para localizar animales, interesarse mucho más por las explicaciones del guía o empezar a profundizar por su cuenta en todo lo que están viendo.

En nuestro caso hemos llegado a un punto bastante curioso. Uno de nuestros hijos es capaz de empollarse la guía de animales mucho mejor que yo y ahora soy yo la que termina preguntándole qué antílope acabamos de ver, cómo se distingue de otro parecido o en qué hábitat vive. Ya no se limita a mirar los animales que encontramos, sino que sabe perfectamente qué está viendo y muchas veces se fija en detalles que a mí se me escapan.

Y con la fotografía nos ha ocurrido algo parecido. Antes de nuestro último viaje hicimos que nuestro adolescente realizara un curso de composición fotográfica y, una vez allí, le dejamos la cámara con nuestro mejor objetivo. ¡Alucina pepinillos con sus fotos! Algunas, evidentemente, no valen para nada, pero otras son tan buenas que son precisamente las que estaréis viendo en nuestros posts durante mucho tiempo.

Al final, eso es lo que más me gusta de hacer safaris con ellos a diferentes edades. Cuando eran pequeños vivían la búsqueda de animales casi como un juego y ahora empiezan a desarrollar sus propios intereses dentro del viaje. La emoción por encontrar un animal sigue siendo la misma, pero la manera de disfrutarlo va creciendo con ellos.

Buscando animales durante safari familiar en África

Safari en familia: niños, adolescentes, padres y abuelos

Además de familias con niños pequeños, organizamos habitualmente viajes en los que coinciden abuelos, padres, adolescentes y niños de edades muy diferentes. Y precisamente un safari en familia es uno de esos viajes que se presta especialmente bien a viajar juntos cuando hay varias generaciones.

A diferencia de otros viajes en los que tenemos que caminar durante horas, mantener un determinado ritmo o plantearnos si una actividad será demasiado cansada para alguno de los miembros de la familia, durante un safari prácticamente todo sucede desde el vehículo. No requiere un esfuerzo físico especial y eso hace que personas de edades muy diferentes puedan compartir exactamente la misma experiencia.

Por supuesto, lo que sí tenemos que adaptar es el itinerario. No organizaremos de la misma manera un safari para una pareja que para una familia en la que viajan abuelos, adolescentes y niños pequeños. Las distancias, el número de noches en cada parque, los alojamientos y el ritmo del recorrido tienen que funcionar para todos.

Aquí vuelve a resultar fundamental el vehículo privado. No tenemos que conseguir que un niño pequeño, un adolescente y sus abuelos se adapten al ritmo de un grupo de desconocidos. Es la propia familia la que decide cuánto tiempo quiere estar de safari, cuándo necesita descansar o si un día prefiere regresar un poco antes al alojamiento.

Y quizá eso sea lo que más me gusta de este tipo de viajes. Un safari no exige mucho más que estar juntos, mirar alrededor y compartir lo que va sucediendo. Un león aparece delante del coche y lo están viendo al mismo tiempo el abuelo, los padres y los nietos. Todos esperan al siguiente animal, todos participan en la búsqueda y todos comparten esos momentos.

Por eso creo que un safari es uno de los viajes que mejor funcionan para reunir a varias generaciones de una misma familia. Cada uno puede vivirlo de una manera diferente, pero todos pueden disfrutar de la misma experiencia sin que la edad marque necesariamente el ritmo del viaje.

En el vehículo de safari durante nuestro viaje de safari a África con niños

Alojamientos para hacer un safari en África con niños

Encontrar alojamiento para una pareja suele ser relativamente sencillo. Encontrarlo para una familia de cuatro o cinco personas ya no lo es tanto, especialmente si queremos dormir todos juntos y no reservar dos habitaciones independientes.

Pero nosotros vamos un poco más allá. Que un lodge o un tented camp admita niños no significa necesariamente que sea el alojamiento que elegiríamos para una familia.

Hay alojamientos vallados y otros que no lo están, camps en los que los animales pueden moverse por los alrededores, habitaciones situadas a diferentes distancias de las zonas comunes y establecimientos en los que después de anochecer debemos desplazarnos acompañados por personal. Todo esto forma parte de la experiencia de dormir en plena naturaleza, pero cuando viajamos con niños pequeños son aspectos que tenemos especialmente en cuenta.

Un camp sin vallar puede ser perfectamente adecuado para una familia siempre que conozcamos y respetemos sus normas. Si un alojamiento nos indica que después de anochecer debemos desplazarnos acompañados, lo hacemos. Si no podemos caminar libremente por determinadas zonas, tampoco dejamos que los niños lo hagan. Son animales salvajes y estar tan cerca de ellos forma parte precisamente de lo extraordinario de un safari.

Por eso no nos limitamos a buscar una habitación en la que quepáis todos. Tenemos en cuenta las edades de los niños y buscamos los alojamientos que consideramos más apropiados para cada familia, valorando la distribución de las habitaciones, las instalaciones, las normas del propio alojamiento y, por supuesto, su ubicación dentro del recorrido.

Y aquí hay un detalle que puede parecer secundario, pero que con niños cobra bastante importancia: la piscina. Después de una mañana de safari, llegar al alojamiento y pasar unas horas en la piscina puede ser exactamente lo que les apetece. Hay familias que prefieren aprovechar hasta el último minuto buscando animales y otras que disfrutan combinando el safari con esos momentos de descanso.

Por eso, cuando el presupuesto y la disponibilidad nos lo permiten, intentamos buscar alojamientos cómodos y con piscina para las familias. No porque necesitemos convertir un safari en unas vacaciones de resort, sino porque sabemos que esos ratos de descanso también forman parte del viaje y pueden marcar bastante la diferencia cuando viajamos con niños.

Muchas de estas cosas probablemente ni siquiera aparecen cuando buscamos un alojamiento por internet. Son precisamente las que nosotros vamos aprendiendo después de años trabajando con familias y las que tenemos en cuenta cuando decidimos qué alojamiento incluir en cada safari.

¿Estáis pensando en hacer un safari en Kenia con vuestros hijos? Si nos contáis las edades de los niños, cuántos días tenéis y vuestro presupuesto aproximado, podemos preparar un recorrido adaptado a vuestra familia. No necesitáis saber qué parques elegir, qué alojamientos buscar ni cuántas noches pasar en cada uno. Precisamente de eso nos encargamos nosotros.

QUIERO ORGANIZAR MI SAFARI EN KENIA


¿Con cuánta antelación hay que reservar un safari con niños?

Esta es otra de las preguntas que más nos hacen y, en los últimos años, mi recomendación es bastante clara: en cuanto tengáis confirmadas las fechas de las vacaciones, compraría los vuelos y empezaría a reservar el safari.

La disponibilidad de alojamientos en Kenia se está complicando bastante durante las fechas de mayor demanda, pero las familias tenemos un problema añadido. Muchos lodges y tented camps disponen de bastantes habitaciones dobles, pero pueden tener únicamente una o dos habitaciones familiares.

Nosotros trabajamos habitualmente con familias y conocemos alojamientos que cuentan con un mayor número de habitaciones familiares, lo que nos proporciona más alternativas. Aun así, durante las vacaciones escolares y especialmente en julio y agosto, esperar demasiado puede reducir muchísimo las posibilidades.

Con una pareja todavía podemos encontrar varias habitaciones dobles disponibles en un alojamiento. Cuando somos cuatro o cinco y necesitamos una configuración concreta, esa única habitación familiar que necesitábamos puede llevar meses reservada.

Por eso, en cuanto sabemos las fechas y tenemos los vuelos, podemos empezar a buscar la combinación de alojamientos que mejor se adapte a la familia, al recorrido y al presupuesto. Si estáis pensando en unas vacaciones de safari en África durante las vacaciones escolares, con niños sí creo que merece especialmente la pena organizarlo con tiempo.

Mi familia en el vehículo de safari en África con los niños y elefantes por todas partes

¿Qué ocurre si nuestros hijos tienen alergias o intolerancias alimentarias?

Si algún miembro de la familia tiene una alergia o intolerancia alimentaria, es importante comunicárnoslo desde el momento de hacer la reserva. Nosotros avisamos previamente a los alojamientos para que puedan tenerlo en cuenta y suele poder gestionarse bien cuando se comunica con antelación.

En la mayoría de los alojamientos con los que trabajamos las comidas son tipo buffet y suele haber alternativas bastante variadas. De hecho, Kenia no me parece un destino especialmente complicado para los niños que comen pocas cosas. Es habitual encontrar opciones sencillas como pollo con arroz, macarrones, patatas fritas y otros platos que suelen funcionar bastante bien con ellos.

Cuando existe una alergia o intolerancia importante, además de informar previamente a los alojamientos, avisamos también al guía para que pueda ayudaros a tratarlo directamente en cada lugar durante el recorrido. De esta forma tenemos una segunda comprobación una vez estamos allí.

Hemos tenido incluso clientes que han preferido entrar personalmente en la cocina para explicar exactamente qué podían comer y qué no. Cuando hablamos de una alergia importante, me parece completamente razonable extremar las precauciones. Lo importante es saberlo antes del viaje, comunicarlo correctamente y volver a comprobarlo en cada alojamiento cuando sea necesario.


Las distancias durante un safari con niños

Este es probablemente uno de los aspectos que más tenemos en cuenta cuando diseñamos un safari familiar. Un adulto puede aceptar una jornada especialmente larga porque quiere conocer un determinado parque, pero encadenar varios días de muchas horas de carretera con niños pequeños puede terminar afectando al ritmo de todo el viaje.

Eso no significa que tengamos que eliminar cualquier traslado largo. Los parques están donde están y determinadas distancias son inevitables. Lo importante es que el itinerario tenga sentido en conjunto y que una jornada larga pueda compensarse después con dos o tres noches en el mismo lugar, en vez de convertir todo el safari en una sucesión de maletas, coche y cambios de alojamiento.

En Tanzania esto adquiere especial importancia si queremos conocer Serengueti y Ngorongoro. Las dimensiones del Serengueti y esa sensación de avanzar durante horas por espacios enormes forman parte precisamente de la aventura y a nosotros nos encantó, pero viajar a Tanzania con niños puede exigir jornadas largas, dependiendo de las zonas que queramos recorrer.

En Sudáfrica las distancias dentro de Kruger pueden parecer pequeñas sobre el mapa, pero se conduce despacio, paramos continuamente buscando animales y cualquier avistamiento puede hacer que nos detengamos durante bastante tiempo. Cuando vamos por libre, además, somos nosotros quienes tenemos que controlar los horarios.

Kenia nos permite diseñar recorridos familiares muy diferentes según la edad de los niños y los días disponibles. Eso no significa que Nairobi, Amboseli, Samburu, Nakuru o Masai Mara estén unos al lado de otros. Precisamente por eso nosotros no recomendamos intentar incluir todos los parques posibles en pocos días. Preferimos seleccionar bien las zonas y dejar varias noches en determinados lugares para que el viaje no se convierta en hacer y deshacer maletas cada mañana.

Niños mirando hipopótamos durante uno de nuestros últimos safaris en África

¿Carretera o vuelos internos durante un safari con niños?

Durante un safari podemos realizar los desplazamientos entre parques por carretera o utilizando vuelos internos, y ambas opciones tienen sus ventajas. Volar nos permite ahorrar muchas horas de traslado y puede ser especialmente interesante cuando tenemos pocos días, queremos combinar zonas muy alejadas o simplemente preferimos reducir al máximo el tiempo que pasamos en carretera.

La contrapartida es el precio. Los vuelos internos encarecen bastante el safari, especialmente cuando viajamos en familia y tenemos que multiplicar cada billete por tres, cuatro o cinco personas. Por nuestra experiencia, es una opción que se utiliza más en safaris de lujo o de gama alta, mientras que en los viajes familiares hacer los traslados por carretera suele ser una buena manera de estirar el presupuesto sin tener que recortar días de safari o bajar el nivel de los alojamientos.

Además, para nosotros viajar por carretera tiene otro atractivo. Entre un parque y otro vemos cambiar el paisaje, atravesamos pueblos y poblados, encontramos mercados junto a la carretera y vemos colores y escenas cotidianas que desaparecerían completamente si saltásemos de un parque a otro en avión. El viaje no empieza únicamente cuando entramos por la puerta de un parque y todo lo que encontramos durante el camino forma también parte de la experiencia de conocer África.

Eso no significa que recomendemos siempre la carretera. Si una familia dispone de un presupuesto más amplio, tiene pocos días o simplemente prefiere volar entre determinados parques, podemos incorporar vuelos internos sin ningún problema. Nuestros safaris son a medida y precisamente se trata de valorar qué opción encaja mejor en cada viaje.

En los safaris familiares, sin embargo, nosotros solemos preferir diseñar bien el recorrido para que los desplazamientos por carretera tengan sentido. Si una jornada es más larga, intentamos compensarla permaneciendo después varias noches en el mismo lugar. De esta forma podemos aprovechar mejor el presupuesto y, al mismo tiempo, disfrutar también de todo lo que encontramos entre un parque y otro.

Al final, hacer un safari a medida no significa necesariamente hacerlo más caro, sino decidir dónde merece la pena gastar el presupuesto. Una familia puede preferir invertirlo en pasar una noche más en Masai Mara o en un alojamiento determinado antes que utilizarlo en varios vuelos internos. Otra puede preferir exactamente lo contrario. Nuestro trabajo consiste precisamente en ayudaros a repartir ese presupuesto según el viaje que queréis hacer.


Cómo organizamos un safari en África con niños

Después de muchos años organizando viajes familiares tenemos bastante claro que un safari con niños no se prepara simplemente buscando hoteles que admitan menores.

Lo primero que necesitamos saber son sus edades porque afectan a los descuentos, a las habitaciones, a determinadas actividades y al tipo de recorrido que podemos plantear. Después valoramos las distancias, cuántas noches tiene sentido pasar en cada parque y qué alojamientos funcionan mejor para esa familia.

Comprobamos las habitaciones familiares y su disponibilidad, buscamos alternativas que permitan aprovechar el presupuesto, tenemos en cuenta si los alojamientos están vallados o no cuando esto puede ser relevante para esa familia y valoramos aspectos tan aparentemente pequeños como disponer de piscina.

Si existen alergias, intolerancias o necesidades alimentarias importantes, avisamos a los alojamientos y al guía. Si viaja un bebé o un niño pequeño, tenemos especialmente en cuenta los desplazamientos y cualquier restricción que pueda existir en las actividades previstas.

Y después está el guía. Nuestros guías están acostumbrados a trabajar con familias y saben que hacer un safari con niños no consiste únicamente en llevarlos dentro del vehículo mientras los adultos hacen un safari. Los niños también forman parte de la experiencia.

Todo esto no significa que el viaje tenga que girar exclusivamente alrededor de ellos. Precisamente buscamos lo contrario: que el safari funcione para toda la familia, independientemente de que viajen niños pequeños, adolescentes, padres o abuelos.

Y esa es también la razón por la que no trabajamos con un único recorrido que repetimos para todo el mundo. Dos familias pueden viajar los mismos días a Kenia y necesitar safaris completamente diferentes. Nosotros partimos de vuestra familia, de las edades de los niños, de los días disponibles y del presupuesto y, a partir de ahí, construimos el recorrido.

De acampada en Seronera con nuestros hijos durante un safari en África

¿Cuál es el mejor safari con niños en África?

Kenia, Tanzania y Sudáfrica pueden ser magníficos destinos para hacer un safari en familia. Nosotros hemos viajado con nuestros hijos por los tres y volveríamos a hacerlo. La elección depende mucho más del tipo de viaje que queráis hacer, de la edad de los niños, del presupuesto y de cuánto queráis ocuparos vosotros mismos de la organización.

Sudáfrica tiene a su favor una infraestructura turística y sanitaria muy desarrollada y muchísima libertad para organizar el viaje por nuestra cuenta. Para una familia a la que le gusta conducir, preparar sus propios recorridos y combinar Kruger con un viaje más amplio por el país puede funcionar estupendamente.

Tanzania ofrece una sensación de aventura difícil de superar y lugares como Serengueti y Ngorongoro son espectaculares. Viajar a Tanzania con niños también puede ser una experiencia fantástica, aunque las distancias y el presupuesto adquieren bastante importancia, especialmente si queremos mantener un determinado nivel de alojamiento durante varios días de safari.

Kenia nos parece especialmente equilibrada para un primer safari familiar porque podemos organizar un safari privado con guía, disponer de vehículos amplios, buscar alojamientos para presupuestos diferentes y adaptar el recorrido a la edad de los niños. Para nosotros esa capacidad de modificar el itinerario, las noches y el nivel de los alojamientos según cada familia es una de sus mayores ventajas.

¿Y merece la pena esperar a que sean mayores? Nuestros hijos disfrutaron muchísimo de aquel primer safari cuando eran pequeños. El mayor conserva más recuerdos y el pequeño, aunque ha crecido escuchando todas las historias y anécdotas familiares de aquellos viajes, prácticamente no se acuerda. Pero yo no me arrepiento en absoluto de haber viajado con él tan pequeño, porque aquel viaje fue una experiencia que vivimos nosotros como familia, independientemente de cuánto recuerde ahora.

Años después hemos tenido la suerte de repetir la experiencia con ellos siendo mayores y también es una delicia. Ahora entienden más cosas, aguantan mejor las distancias, son más independientes y vivimos los safaris de otra manera. Eso sí, hay algo que también ha cambiado bastante: el precio. Cuando son pequeños podemos aprovechar gratuidades, importantes reducciones infantiles e incluso opciones de alojamiento que desaparecen a medida que crecen. Cuando son mayores todo resulta más sencillo, pero prepara la cartera porque viajar en familia es caro.

Por eso, no creo que la pregunta deba ser únicamente cuál es la edad ideal para hacer un safari con niños. Yo me preguntaría si vosotros queréis vivir ahora esa experiencia en familia y, a partir de ahí, cómo podemos organizarla para que funcione con las edades que tienen vuestros hijos en este momento.

En Mis Viajes Familiares estamos especializados en viajes familiares y llevamos años organizando safaris privados en Kenia y Tanzania. Sabemos que no se puede diseñar igual un viaje para una pareja que para una familia con un bebé, dos niños pequeños, adolescentes o varias generaciones viajando juntas.

Si estáis pensando en hacer un safari en Kenia o Tanzania con niños, no necesitáis tener decidido qué parques queréis visitar, qué alojamientos elegir ni cuántas noches pasar en cada lugar. Contadnos cuántos sois, las edades de vuestros hijos, cuándo queréis viajar, cuántos días tenéis y vuestro presupuesto aproximado.

A partir de ahí nos encargamos nosotros de buscar la combinación que mejor encaje con vuestra familia y preparar un safari privado en África a medida.

QUIERO QUE ME AYUDÉIS A ORGANIZAR MI SAFARI EN KENIA

 

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    Mis Viajes Familiares ofrece un servicio de asesoramiento y mediación en la reserva de propuestas de viaje. La contratación se ofrece a través de agencias locales que han acreditado trabajar con la licencia necesaria para ofrecer los servicios turísticos acordados, asumiendo todas las responsabilidades y garantías implicadas en dicha contratación.

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