De Hoop merece un apartado especial en nuestro viaje por Sudáfrica porque fue la mayor sorpresa del recorrido por la Garden Route. Junto con Addo Park, fue uno de los dos lugares que más nos gustaron.
Sin embargo, antes de incluirla en el itinerario teníamos bastantes dudas. Leyendo la información que encontrábamos online, no terminábamos de ver qué tenía de especial para justificar el desvío hasta un lugar tan remoto y al que se accede por una larga pista de tierra. Decidimos ir, pero todavía no sabíamos hasta qué punto merecería la pena.
El camino para llegar hasta De Hoop es de tierra y, con lluvia, puede complicarse. Nosotros tuvimos la mala suerte de que tanto el día anterior como durante la mañana en la que viajamos hacia la reserva cayó el diluvio universal. Con semejante cantidad de agua, nos preocupaba mucho cómo encontraríamos la pista.
Avanzábamos sin cobertura durante buena parte del trayecto, hacia un lugar que parecía recóndito y sin saber qué dificultades podían esperarnos más adelante por el estado de la carretera. Llevábamos un coche con algo más de altura al suelo que un turismo, pero que no era un 4×4, y en esas circunstancias era difícil responder a comentarios del tipo: «¿A quién se le habrá ocurrido reservar un alojamiento en el culo del mundo por esta carretera?».
Sin embargo, la preocupación fue mucho mayor que las dificultades que encontramos. A pesar de toda la lluvia caída y de haber hecho el trayecto en unas condiciones que nos parecían de lo más desfavorables, no tuvimos ningún problema, ni a la ida ni a la vuelta. Entendemos perfectamente que ese camino genere dudas, porque nosotros también las tuvimos, pero nuestra experiencia fue mucho más sencilla de lo que habíamos imaginado.
A la vuelta les pregunté: «Después de haber conocido De Hoop, ¿merece la pena reservar alojamiento en el culo del mundo, haciendo todo este trayecto de ida y de vuelta?». La respuesta de todos fue la misma: «Sin dudarlo». La sorpresa había sido mucho mayor de lo que esperábamos y todos coincidimos en que volveríamos a hacer el camino.
Lo que sí cambiaríamos sería el tiempo que le dedicamos. Por la logística de nuestro viaje solo habíamos reservado una noche, y se nos quedó corta. A lo largo de este artículo os contamos qué hicimos, qué nos quedó pendiente y por qué creemos que merece la pena quedarse al menos dos noches dentro de De Hoop.
Dónde alojarse en De Hoop: nuestra casa en De Hoop Village
Nosotros nos alojamos en una de las De Hoop Village Cottages, en la zona de Opstal, donde se encuentran el restaurante Fig Tree y los principales servicios de De Hoop Collection. La casa tenía tres habitaciones, salón y una cocina equipada con todo lo necesario para preparar nuestras comidas, algo que nos vino muy bien para cenar tranquilamente con la compra que habíamos hecho en Bredasdorp.
Pero lo que más nos gustó fue la zona exterior de braai, la barbacoa sudafricana, con espacio para sentarse a comer y unas vistas espectaculares. Cuando llegamos había avestruces por allí, y ver cómo los animales paseaban libremente alrededor de la casa nos pareció una maravilla. Es precisamente ese entorno lo que hace que alojarse dentro de De Hoop sea una parte importante de la experiencia.
Nos quedamos con muchas ganas de preparar una barbacoa y pasar un rato disfrutando del jardín, pero entre las actividades y las visitas a la costa no nos dio tiempo. Si os quedáis dos noches, os recomendamos reservar también un rato para disfrutar de la casa: a nosotros nos habría encantado cenar fuera con calma, viendo los animales que se acercaban por los alrededores.
Si viajáis en invierno, tened en cuenta cómo se calienta el alojamiento. Nosotros fuimos en agosto y tuvimos que comprar leña y encender la chimenea para calentar la casa. Las camas tenían mantas eléctricas y no pasamos frío al dormir, pero para estar a gusto en el salón nos vino muy bien hacer fuego. Llevad ropa de abrigo y contad con ese rato para encender la chimenea al regresar.
La leña se puede comprar en la tienda del alojamiento o llevar de fuera. Para la comida, en cambio, es mejor llegar con la compra hecha: el propio establecimiento explica que su tienda es principalmente de regalos y no un supermercado donde abastecerse para toda la estancia. Nosotros pudimos organizarnos perfectamente con lo que compramos antes de entrar.
Si viajáis en pareja y buscáis algo más económico, De Hoop Collection también dispone de rondavels para dos personas, con duchas y aseos compartidos en el exterior. Son alojamientos más sencillos, con zona de braai, pero sin una cocina equipada como la de nuestra casa. Pueden ser una buena alternativa para dormir dentro de la reserva con un presupuesto más ajustado.
Para una familia de cuatro como nosotros, una de las casas self catering permite alojarse juntos y preparar las comidas cómodamente. Fue el alojamiento más caro de todo nuestro viaje por Sudáfrica, pero nos encantó la experiencia. Si el presupuesto os obliga a elegir, nosotros priorizaríamos quedarnos más tiempo y llevar nuestra propia comida, aprovechando la cocina para reducir el gasto en restaurantes.
En la zona de Koppie Alleen también hay alojamiento junto a la costa, aunque lo que vimos parecía de lujo. Para un presupuesto más ajustado, valoraríamos las opciones de De Hoop Collection, en el entorno del humedal De Hoop Vlei, donde nos quedamos nosotros. Además de encontrar alternativas más económicas, alojarse allí permite disfrutar de los animales y los paisajes del interior y acercarse después a la costa.
Para nosotros, merece la pena conocer ambas zonas. Limitar la visita a Koppie Alleen supone dejar fuera una parte importante de De Hoop: el entorno del vlei, los animales que pasean alrededor de los alojamientos y los recorridos por el interior también nos encantaron. Por eso nos pareció una buena elección dormir en esa zona y desplazarnos hasta las dunas y las playas para ver las ballenas.
Muchos viajeros visitan De Hoop durante el día y después continúan hasta su siguiente destino en la Garden Route para dormir allí. Después de nuestra experiencia, creemos que merece la pena hacer el esfuerzo económico de dormir dentro de la reserva y reservar al menos dos noches. Nosotros solo nos quedamos una y tuvimos el tiempo demasiado apretado; es uno de los cambios que haríamos al organizar de nuevo nuestro recorrido por la Garden Route.
Qué ver en De Hoop: las dunas y ballenas de Koppie Alleen
Después de llegar a De Hoop e instalarnos en la casa, tuvimos que reorganizar los planes porque el paseo en Eco Boat que habíamos reservado se suspendió por el mal tiempo y lo trasladamos a la mañana siguiente. Teníamos previsto visitar Koppie Alleen al día siguiente, pero, como ya no sabíamos cuánto tiempo nos quedaría para conocer la costa, aprovechamos aquella tarde para acercarnos, aunque nos quedaba poco margen antes de que anocheciera.
Desde nuestro alojamiento tardábamos aproximadamente media hora en coche, conduciendo despacio por las pistas. Al llegar dejamos el vehículo en el aparcamiento y seguimos a pie por el sendero: a la derecha encontraréis algunos desvíos hacia las dunas, mientras que, si continuáis recto, llegaréis al restaurante y a la pasarela que baja hasta la playa. Nosotros aquella primera tarde fuimos directamente hacia la pasarela y bajamos a pasear junto al mar.
Vimos muchas ballenas, pero apenas pudimos dar una vuelta antes de tener que regresar. En agosto, cuando viajamos nosotros, hacia las 18:30 ya era de noche, y con tantos animales por los caminos, especialmente avestruces, queríamos volver con luz y sin prisas al volante. Nos marchamos con la sensación de haber encontrado un lugar precioso al que no habíamos podido dedicar el tiempo que merecía.
Durante nuestras visitas veíamos ballenas casi continuamente en la distancia, aunque al principio nos costó localizarlas. Nos quedábamos mirando el mar sin distinguir demasiado hasta que empezamos a reconocer una salpicadura o un movimiento diferente al del oleaje. Una vez aprendimos a mirar, cada vez resultaba más fácil encontrarlas y verlas saltar, así que merece la pena detenerse un rato y observar con paciencia.
Llevad prismáticos, porque muchas se ven a distancia y con ellos se disfrutan mucho mejor los detalles. Fotografiar los saltos ya es otra historia: entre que localizas la ballena, apuntas y disparas, muchas veces el momento ha pasado, como se aprecia en nuestras fotos. Aun así, subirse a una de las dunas y quedarse mirando el mar mientras las ves saltar nos pareció una experiencia maravillosa, de las que más recordamos de nuestro recorrido por la Garden Route.
Nosotros visitamos De Hoop en agosto, dentro de la temporada habitual de ballena franca austral, que se extiende aproximadamente de junio a noviembre. Estas ballenas llegan a la costa para reproducirse y criar, aunque los avistamientos y la visibilidad cambian según el día. En nuestro caso vimos muchísimas y nos habríamos quedado bastante más tiempo observándolas si no hubiéramos llevado un itinerario tan ajustado.
A la mañana siguiente, después del Nature Drive que os contamos más adelante, teníamos que poner rumbo a Mossel Bay, donde dormiríamos esa noche. Sin embargo, no queríamos marcharnos de De Hoop con el recuerdo de haber visitado la costa tan deprisa, así que decidimos volver a Koppie Alleen. Esta vez sí dimos un paseo largo por las dunas, disfrutamos de las vistas y nos detuvimos a observar las ballenas desde allí.
Después seguimos el sendero marcado con cuerdas que recorre la zona de rocas junto al acantilado, desde las dunas hasta la playa situada al pie de la pasarela. Nos gustó mucho hacer ese recorrido porque permite contemplar la costa desde diferentes puntos. Una vez abajo, paseamos por la playa con más tranquilidad y después subimos por las escaleras de la pasarela hasta el restaurante.
Nos sentamos en una de las mesitas de la terraza para tomar algo con vistas al mar, pero coincidimos con la hora de comer y había muchísima gente. Como no llegaban a atendernos y todavía teníamos por delante el trayecto hasta Mossel Bay, finalmente decidimos continuar el viaje. Aun así, nos alegramos mucho de haber vuelto, porque esa segunda visita nos permitió disfrutar de un paisaje que la tarde anterior apenas habíamos podido conocer.
Si estáis organizando vuestro recorrido por la Garden Route, reservad varias horas para las dunas y las playas de De Hoop, además del tiempo de desplazamiento desde el alojamiento. Entre pasear por las dunas, recorrer el camino junto al acantilado y detenerse a observar las ballenas, hay mucho que disfrutar. Para nosotros fue una de las visitas más especiales del viaje y merece la pena poder hacerla sin estar pendientes del reloj.
Dónde comer en De Hoop: nuestra experiencia en Fig Tree
Durante nuestra estancia en De Hoop probamos el restaurante Fig Tree, situado en la zona de Opstal, junto al humedal. La comida nos pareció muy rica y no nos resultó cara para el lugar en el que estábamos. Eso sí, tened en cuenta los horarios al organizar las visitas: durante nuestra estancia el servicio de comidas terminaba a las 15:00, por lo que conviene contar con el tiempo de regreso si pasáis la mañana en Koppie Alleen.
A la mañana siguiente de nuestra llegada disfrutamos allí de un desayuno espectacular. Había un bufé y los camareros también nos trajeron una carta con opciones calientes que se podían añadir, como huevos, beicon y salchichas. Nos pareció una propuesta muy completa, y desayunar en aquel entorno fue otra de las cosas que disfrutamos de nuestra estancia.
Si vais con el presupuesto ajustado, creemos que el bufé puede ser suficiente sin añadir un plato caliente. Preguntad por las distintas opciones y lo que incluye cada una antes de pedir. Aunque los precios dentro de De Hoop son más altos que en otras paradas de la Garden Route, la relación calidad-precio nos pareció buena; simplemente, al viajar cuatro, hay que valorar cómo encaja cada comida en el presupuesto familiar.
Para cenar había que reservar y la propuesta era un menú cerrado con precio fijo, en lugar de elegir libremente de una carta. Como referencia, la tarifa publicada para octubre de 2025 a septiembre de 2026 es de 485 rands por adulto, con un 50 % de descuento para niños de 3 a 11 años. Conviene comprobar el importe para las fechas de vuestro viaje, ya que puede cambiar.
Nosotros decidimos no reservar la cena porque, sumando el coste para los cuatro al del alojamiento, se nos iba un poco de presupuesto. Cenamos tranquilamente en la casa con lo que habíamos comprado en Bredasdorp, y nos vino muy bien poder combinar ambas opciones. Alojarse en una casa con cocina permite disfrutar de alguna comida en Fig Tree y preparar otras por vuestra cuenta, según lo que os apetezca gastar durante la estancia.
En Koppie Alleen también hay un restaurante, con una terraza con vistas al mar que tenía una pinta estupenda. Como os contábamos antes, nos sentamos allí al terminar nuestro paseo, pero finalmente no llegamos a probarlo, así que no podemos opinar sobre la comida. Por su ubicación nos pareció una opción muy apetecible para hacer una pausa mientras se visita la costa, sin tener que regresar hasta la zona del alojamiento para comer.
Qué hacer en De Hoop: nuestra experiencia en el Nature Drive
Además de recorrer la costa y disfrutar del entorno del alojamiento, recomendamos hacer al menos una de las actividades guiadas de De Hoop. Las que más nos llamaron la atención fueron el Eco Boat y el Nature Drive, y en principio habíamos elegido el barco. Este paseo recorre el De Hoop Vlei, el humedal que se ve desde la zona de Opstal, y permite contemplar sus paisajes desde el agua mientras se buscan aves y, con suerte, otros animales como nutrias.
El Eco Boat incluye algo de desayuno en las salidas de mañana y un pequeño piscolabis con vino u otras bebidas en las de tarde, un detalle que nos pareció muy agradable para disfrutar del paisaje mientras tomas algo. El paseo dura aproximadamente entre una hora y media y dos horas, y su realización depende del nivel del agua del humedal.
Como os contábamos antes, la lluvia nos obligó a aplazarlo hasta la mañana siguiente, pero nuestros hijos prefirieron cambiarlo por una actividad centrada en ver mamíferos. Así terminamos haciendo el Nature Drive, que disfrutamos muchísimo. El barco nos quedó pendiente, y la elección entre ambas actividades dependerá de lo que más os apetezca conocer: a nosotros, en aquella ocasión, nos encajó mejor recorrer el interior de la reserva buscando animales.
La salida se hace en un vehículo de safari abierto, que puede cerrarse parcialmente cuando el tiempo no acompaña, como ocurrió durante nuestro recorrido. El coche nos pareció muy chulo y nos pusieron unas mantitas para ir abrigados, un detalle que agradecimos con el tiempo que hacía. Íbamos con un conductor y un guía, de modo que podíamos ir observando el paisaje y los animales mientras escuchábamos sus explicaciones.
Durante el recorrido vimos cebras, distintos antílopes y avestruces, y nos llamó la atención la abundancia de fauna que encontrábamos en algunas zonas. El guía hizo un trabajo estupendo: sabía muchísimo sobre animales y plantas y nos iba explicando las diferencias entre los paisajes que atravesábamos. Sus explicaciones hicieron que disfrutáramos de la actividad más allá de los avistamientos y conociéramos mucho mejor la diversidad de De Hoop.
Según nos contó, las llanuras de esta zona antiguamente se dedicaban al cultivo y sus pastos eran especialmente ricos en proteínas, por lo que algunos animales encuentran allí una especie de bufé libre del bueno, rico rico. Después pasamos por zonas más boscosas, donde la fauna era diferente, y el guía nos fue explicando cómo cambiaban los animales que podíamos encontrar según el entorno.
Durante el recorrido nos esperaba una sorpresa que disfrutamos mucho: una parada en un lugar con unas vistas espectaculares al De Hoop Vlei. Allí había un banquito y una mesa, y nos prepararon café, té y unos bollitos riquísimos. Nos dejaron unos diez minutillos para disfrutar de aquello con calma, contemplando el humedal mientras tomábamos algo, y fue uno de esos pequeños detalles que hacen que recuerdes una actividad con especial cariño.
Aquella mañana ya habíamos desayunado en Fig Tree, pero esta pausa en medio del recorrido fue una experiencia distinta, sobre todo por el lugar en el que estábamos. Así fue nuestra salida; si os apetece hacer algo parecido, preguntad al reservar por los horarios y lo que incluye cada opción, porque la web también anuncia un Nature Drive de tarde con bebidas y aperitivo.
También se pueden hacer paseos guiados por la costa para descubrir la vida marina, caminatas para observar aves, rutas en bicicleta y excursiones a Potberg para ver buitres del Cabo. Para quienes quieran dedicar más días al senderismo, está el Whale Trail, una ruta de varias jornadas por la reserva. Hay opciones para distintos intereses, así que podéis elegir las que mejor encajen con vuestra familia y con el tiempo que dediquéis a De Hoop.
De todos modos, simplemente estar allí y dar un pequeño paseo por los alrededores del alojamiento ya es una experiencia. Merece la pena dejar tiempo para caminar sin prisa y observar los animales que vais encontrando, sin necesidad de tener siempre una actividad reservada. Nosotros disfrutamos mucho de esos encuentros y descubrimos especies que ni siquiera sabíamos que existían.
Una de las que más gracia nos hizo fueron los dassies, que a nosotros nos parecían algo entre una rata y una marmota. En español se conocen como damanes de las rocas y viven en distintas zonas de África y Oriente Medio, especialmente en lugares rocosos donde encuentran refugio. Durante nuestro recorrido por la Garden Route los vimos en tantos sitios que acabaron convirtiéndose en unos compañeros habituales del viaje. Información sobre los dassies.
Si lo que más os atrae de estos viajes es observar animales en libertad, podéis echar un vistazo también a nuestra propuesta de safari en Kenia. Diseñamos itinerarios privados y a medida, con guía en español, pensando en dedicar tiempo suficiente a disfrutar de cada parque. Podéis contarnos cuántos sois, cuándo os gustaría viajar y qué tenéis en mente para que preparemos una propuesta para vosotros.
De De Hoop a Mossel Bay: cómo salimos hacia la N2
Después de nuestra segunda visita a Koppie Alleen emprendimos el camino hacia Mossel Bay, donde dormiríamos esa noche para continuar nuestro recorrido por la Garden Route. Para salir de De Hoop valoramos dos opciones: una pasaba por Malgas e implicaba cruzar el río con el coche en un ferry, mientras que la otra permitía llegar a la N2 sin utilizarlo. Con el mal tiempo que habíamos tenido, preferimos esta última para evitar la incertidumbre de si podríamos hacer el cruce.
El camino que seguimos fue sencillo y estaba bien indicado. Regresamos hacia la caseta de entrada de la reserva y continuamos hasta el cruce, donde giramos a la izquierda para deshacer unos kilómetros del recorrido de llegada. Después encontramos el desvío a la derecha señalizado hacia Swellendam y lo tomamos. Ese cruce también se ve al llegar desde Bredasdorp, así que podéis fijaros durante la ida para reconocerlo al salir. Cuando lo veáis, ya sabéis que unos minutos más adelante está ya el desvío a De Hoop.
Aunque el primer tramo coincidía con el camino por el que habíamos entrado, después seguimos por otra pista que nos pareció en bastante mejores condiciones que la de llegada desde Bredasdorp. No tuvimos ningún problema para recorrerla y, antes de alcanzar Swellendam, llegamos a la N2. Allí giramos a la derecha para continuar hacia Mossel Bay; hacia la izquierda queda la dirección de Ciudad del Cabo y los desvíos hacia Hermanus.
¿Merece la pena visitar De Hoop en la Garden Route?
De Hoop fue la mayor sorpresa de nuestro recorrido por la Garden Route y, junto con Addo Park, uno de los lugares que más nos gustaron. Llegamos con dudas y nos marchamos convencidos de que había merecido la pena incluirlo. Si volviéramos a organizar el viaje, reservaríamos dos noches para disfrutar de la costa, del interior y del propio alojamiento con más tranquilidad. Supone un esfuerzo económico, pero para nosotros fue una de esas paradas que justifican dedicar una parte del presupuesto a quedarse un poco más.